Gangnam style. Mi semana en Seúl

Durante mis vueltas por Japón coincidí con varias personas que me recomendaron visitar Corea del Sur. Como ya andaba un poco harta de ir de un lugar para otro, decidí dedicarme exclusivamente a la capital surcoreana.

Hoy os cuento mi vida relajada entre cafeterías y tiendas de crema.

Un poquito de K-POP para ambientaros (AQUÍ)

Pensé en pasar una semana que luego se convirtieron en 10 días, las ventajas de viajar sin fechas. Resulta que el día que había escogido para mi partida coincidía con una de las vacaciones más importantes de este país (el acción de gracias Coreano), así que los billetes de avión estaban a unos precios astronómicos. Con esperarme dos días conseguí ahorrarme 200€ en el vuelo.

En cuanto decidí que mi próximo destino iba a ser Seúl puse un anuncio en Couchsurfing. Fue todo un triunfo. Gente que quería quedar, enseñarme la ciudad o charlar un rato. También gente muy gustosa de hospedarme. Me quedé en tres casas, pero en cuanto empezaron las vacaciones nadie estaba disponible y pasé dos noches en un albergue.

Amigos por todas partes.

Yubee, mi primer anfitrión, nada más llegar me llevó a cenar por ahí con unos amigos. Entonces fue cuando descubrí que en Seúl sí que se sale, lo de Madrid es de segunda, claramente. Un miércoles y los bares a reventar, las calles llenísimas de gente dispuestas a quemar la noche, y no son “ninis”, aquí la gente trabaja y mucho. Lo normal es que un estudiante tenga un par de trabajos, o que un trabajador trabaje entre 10-12h aunque en su contrato ponga 8h. Pero eso no les impide salir como si no hubiera mañana.

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Figura 1: Sanghyn y yo tras el paseo en bici (bicis al fondo)

También pude quedar con Sanghyun, me llevó a comer a un sitio familiar de su barrio que es donde mejor he comido en Corea. Además me prestó una bici y pudimos dar un paseo hasta llegar al rio Ham, todo un lujo (Figura 1). Y el día de mi cumpleaños me acompañó para tomar unas cervezas. Quedar con este muchacho es aprender mucho sobre Corea, que en mi caso es casi todo porque yo sobre Corea sabía bien poco. Me gustó mucho poder hablar con él sobre las rencillas con Japón (con el que tienen un poco de complejo de inferioridad e intentan adelantar a toda costa) y de la situación con Corea del Norte.

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Figura 2: Tania y yo en una cafeteria

Durante una noche me hospedó T’ew, un chico tailandés que está allí haciendo la tesis en Arabidopsis. Tenía muchas ganas de conocer a T’ew, primero porque el Dr. McCleur se había hospedado previamente con él y me lo había recomendado mucho, y segundo para poder hablar del estado de la ciencia en Seul. Ahora el campo de la genética está muy bien en esa ciudad y el gobierno está invirtiendo más de 5% del PIB en ciencia (mientras tanto, en España los políticos nos prometen un 2% para el 2020). Pero me recomendó mucho que no trabajase en ese país, las condiciones no son las mejores del mundo.

Al día siguiente pude quedar para comer con Tania, una chica que el año que viene se va a Bilbao de “Erasmus” y quería practicar su ya de por si buen español.

Por último, me acogió en su hogar Beppe, un chico italiano que lleva ya varios años viviendo en Seúl trabajando para firmas de moda italianas. Es un hombre con una vida muy ocupada y no pudimos quedar mucho, pero me dio la visión de cómo es ser un extranjero en esta ciudad, una cosa bastante enriquecedora.

Seúl no es ciudad para singles.

Menos mal que me salieron todos estos amigos, y unos cuantos más, porque esta ciudad no está pensada para andar solo. Todo es para más de uno. Las parejas van acarameladas por la calle, suelen preguntarte si tienes pareja, y ante una respuesta negativa preguntan por qué. En un restaurante no me dieron mesa por ir sola y en otro me cobraron más caro. Lo que me dio mucha pena porque esto ha hecho que la mayoría de mis comidas hayan sido en puestos de la calle, y me he quedado sin comer el pulpo en movimiento, en el cual estaba muy interesada.

Puede que también se debiese al cansancio de llevar ya un mes dando vueltas, pero los momentos en los que estaba sola me parecían un poco deprimentes. Así que un día decidí unirme a una actividad organizada por LovingKorea: una especie de Free-tour por el Museo de la Guerra de Corea.

Militares Coreanos.

Un chico muy motivado nos enseñó a mí y a un grupo de extranjeros el Museo de la Guerra de Corea, vestido con su uniforme de la mili. Como bien nos explicó, para entender Corea hay que entender su historia militar.

En Corea la mili sigue siendo obligatoria (2 años para los hombres del sur y creo que 5, o puede que más, para hombres y mujeres del norte). A nuestro guía le tocó hacerla cerca de la DMZ (zona desmilitarizada) con lo que tenía muchas anécdotas que contar y nos explicó que lo de “desmilitarizada” es un eufemismo, él mismo tenía que entrar todas las semanas a echar un ojo.

La guerra de Corea la hubiera ganado Corea del Norte en menos de dos meses de no ser porque a los americanos les dio miedo que toda Asia se estuviera convirtiendo en comunista. Se metieron y recuperaron todo el territorio de Corea del Sur en otro mes y medio. El resto del tiempo hasta los tres años que duró esta guerra, fue delimitar la frontera colina a colina. En un momento dado, China envió lo que llamaron “océano de gente” a Corea del Norte (porque si algo tiene China es gente), de esta inmensidad de personas, sólo un tercio tenía armas; los otros dos, tambores y trompetas para hacer ruido. Corea del Sur no pudo con esa marea y se decidió firmar la paz. Total, tres años de guerra para quedarse casi como estaban. En el camino miles de cambios de frontera y rupturas de familias.

Lo mejor de esta visita al museo fue que nos dieron una visión lo más objetiva posible, el museo está hecho para sentirse orgulloso de Corea del Sur, pero yo no salí de allí con esa sensación. Disfrutamos de mil anécdotas, sobre todo, historias de la mili y de cómo se lidian ahora las tensiones entre ambos países.

La propaganda sigue estando a la orden del día, desde Corea del Sur lanzan chocopipes (unos pastelitos de chocolate) hacia Corea del Norte, para que vean lo bien que se vive allí (si vendes un pastelito de estos en el mercado negro de Corea del Norte ganas el equivalente a un mes de sueldo). También para vengarse de que unos militares cayeron en unos cepos colocados por Corea del Norte, instalaron unos altavoces enormes en la frontera y pusieron a toda pastilla K-pop. La estrategia surtió efecto, pidieron perdón, y lo que hiciera falta, con tal de que apagaran la música.

Aquí podéis ver el video que hicieron los chicos de LovingKorea de la visita:

A las chicas de verdad les gusta el pollo frito

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Figura 3: con mis compañeros del free-tour comiendo pollo frito.

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Figura 4: pollo, pollo…

Las chicas de verdad son coreanas. No hay nada más típico en esta ciudad que irse a la orilla del Ham a hacer un picnic y tomarse unas cervezas con pollo frito (Figura 3). Y esto fue lo que hicimos tras nuestra visita al museo.

Las chicas de verdad son coreanas, porque además del pollo frito comen esto (Figura 4), cosa que también me perdí por no viajar acompañada, aunque bueno, no me arrepiento mucho. Sí que pude probar, porque esto lo venden en puestos callejeros, pupas de gusano de seda. No están mal, aunque hartan un poco.

 Mis Favoritos de Seúl

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Figura 5: dos parejas con sus respectivos trajes en el castillo de la ciudad.

Lo que más me gustó de mi visita fue conocer a tanta gente que vive allí, y lo que les gusta disfrazarse con el traje típico. Es muy común si vas a visitar un monumento que previamente alquiles un hanbok y así sales de lo más estupendo en las fotos (además así vestido las entradas son gratis; Figura 5).

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Figura 6: Rosas luminosas en el DDP

Como visita me gustó mucho el mercado de Namdaemun. El castillo de Gyeogbokgung es bastante impresionante, así como el barrio que está al lado, Jongno-gu, lleno de casas tradicionales. Otro de mis favoritos fue el DDP, Dongdaemun Design Plaza, y eso que no pude ver el museo, pero sólo el edificio y el jardín de rosas luminosas merecen ya la pena (Figura 6). Si se tiene la oportunidad, dar un paseo en bici por el rio Ham y su afluente es de las cosas que más he disfrutado. Y un paseo andando por Cheonggyecheon-ro, que por la noche es una cosa muy agradable.

Por lo demás, en Seúl básicamente se puede comprar. Está todo lleno de centros comerciales y tiendas de cremas. Para los coreanos la apariencia es muy importante, de ahí que lleguen a combinar la mascarilla con la ropa. Y tomar café, cada dos comercios uno es una cafetería estilo Starbucks e igual de cara; ahora, el café está bastante bueno.

Maldito Parné

Teniendo en cuenta que de las 9 noches que he pasado en Seul solo he pagado 2 (11000 won/noche) me he gastado de media 27.500 won

Hay que tener en cuenta los 85€ que me costó el vuelo Tokio (Narita)- Seul (Incheon).

Recomiendo a todo el que pueda que visite esta ciudad, es el nuevo Nueva York y dentro de nada va a estar muy de moda. Todavía tiene precios asequibles.

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