Good morning Vietnam.

Por fin me alejo de la zona de confort y me adentro en el Sudeste Asiático. El lugar donde pretendo instalarme hasta que se haga verano en Australia. Como primer destino, Vietnam. Las cosas poco a poco. Destino muy típico de mochileros donde pasaré dos semanas sin posibilidad de extensión.

Musiquita

Solo puedo pasar en Vietnam 15 días, ni uno más; un sello en mi pasaporte me lo impide. Si fuera algo más organizada podría pasar 30 días sin problemas, pero cuando te compras un billete de avión con dos días de antelación no te deja mucho margen de maniobra.

Odiando Fronteras (parte 1 de muchas)

Cuando fui feliz y contenta a hacer el check in en el aeropuerto de Seúl destino Ha Noi, una amable señorita me dijo:

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Figura 1: Protagonista de “La terminal”.

-“¿No tienes visado para Vietnam?”

-“No, los españoles podemos pasar 15 días en Vietnam sin visado” – le dije yo.

-“¡Ah! Pues enséñame tu billete de salida de Vietnam”.

-“No tengo”.

-“Pues no te puedo dejar embarcar”.

Mi cara palideció – “¿qué?, yo me he leído todos los requisitos y no pone nada de tener billete de salida”.

-“Las leyes de Vietnam me dicen que tengo que ver tu billete de salida”- y tras mi cara de asombro-cabreo-frustración dijo- “Bueno, le voy a preguntar a mi superior”.

Por lo que se ve el superior le dijo que me dejara embarcar, que ya me las apañaría yo, y volvió diciendome:

-“Vale, puedes embarcar pero que sepas” – maldición gitana que me echó – “que te van a poner problemas en la frontera”.

Y con esos antecedentes me subo yo a un avión durante 5 horas. Gracias a esta amable señorita mi sueño no fue nada reparador y yo nada más que me imaginaba como Tom Hanks en “La terminal” atrapada en el aeropuerto de Ha Noi (Figura 1).

Cuando llegué a Ha Noi y pasé el control de pasaportes, yo iba con las manos sudando, pero con cara digna, en plan “Voy a pasar”. Y efectivamente, el señor de la aduana me preguntó: “¿Cuánto vas a estar?”, “15 días” le dije, y hala, sin más preguntas me plantificó mi sello.

No puedo evitar odiar un poquito a la amable señorita de Seúl.

Cambio de tercio

Nada más entrar en el aeropuerto pude experimentar como aquí intentan tangarte todo el rato. Yo venía feliz de sitios donde las cosas eran caras de por sí, aquí son caras si eres guiri. Tras sortear un cambio de moneda poco favorecedor y esquivar un taxi de tarifas astronómicas, me monté en dos buses de línea que me llevaron a mi hotel por unos 60 céntimos.

Ha Noi es un caos, no he visto Ho Chi Minh (Saigón) que por lo visto es hasta peor, pero Ha Noi es un caos. Después de que los japoneses me miraran mal por cruzar en rojo cuando no venía ningún coche, he tenido que cruzar la calle en Ha Noi. En serio, es una de las proezas de las que más orgullosa me siento en mi vida. Imaginad un mar de motos que se comportan como cuando haces una pirula en bici. Es decir, me subo en la acera y cruzo a la calle de al lado, voy a contramano (incluido en las rotondas) y me salto todos los semáforos que quiero. Te entra la risa floja cuando ves que el semáforo de peatones está en verde.

Consejo: para cruzar la calle hay que ir lento y sin variar la velocidad, así las motos calculan tu trayectoria y te esquivan. Y además, echarle un par.

Sin ganas de pensar

En el hostal en el que me quedaba (asombroso para el precio que tiene: 4$/noche, desayuno incluido y cerveza gratis de 6 a 7) te organizaban la vida. Tiene unos tours estupendos y te sacan todos los billetes, tú sólo tienes que esperar en el hostal y te recogen, te traen y te llevan. Por supuesto, el no pensar tiene un precio, pero yo a estas alturas decidí asumirlo. Si no me tangaban ellos lo iban a hacer otros y teniendo sobre mi cabeza la presión del tiempo, me dejé llevar.

Estoy contenta con las cosas que he reservado en el Chien Hostel, me han gustado, he conocido gente y me lo he pasado muy bien. He pagado, pero no me he sentido estafada, lo cual es un avance.

Pasé dos días en Ha Noi antes de empezar alguno de estos tours. La verdad es que la ciudad tiene su gracia, pero al final del segundo día ya estaba un poco harta. Todo está “a puñaos” y las aceras son impracticables, cada dos metros hay un sitio donde comer y un hombre que se ofrece para llevarte en moto (yo casi que tengo agujetas en los dedos de decirles que no, que voy andando).

Los puestos de comida y el café son lo mejor. Tú te sientas en esas minúsculas mesitas y como cada puesto está especializado en una cosa, te llevan tu sopa (en general siempre es una sopa) con unas hojas al lado y no hace falta que te entiendas con nadie. Los números se los saben muy bien en inglés y si no te lo enseñan en una calculadora, en general por menos de 2€ has comido. Para el café yo he señalado siempre al de al lado, café vietnamita con leche condensada y hielo, riquísimo.

La bahía de Halong

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Figura 2: Vista de la Bahía desde el barco

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Figura 3: estilazo en las piraguas

La primera excursión organizada la hice a la bahía de Halong (Figura 2), que es de los sitios más turísticos de Vietnam. Y por eso mismo, nosotros no fuimos a la bahía de Halong en sí, si no al lado, que hay menos gente. Son unos paisajes bastante alucinantes que pudimos disfrutar desde un barco donde nos sirvieron la comida y nos dieron un “cocktail”. Después nos montamos en piraguas y nos metimos por cuevas, todo muy bonito e idílico (Figura 3). Para acabar nos llevaron a otro sitio para bañarnos. Supuestamente no podíamos bañarnos en donde las piraguas porque había medusas, pero yo sospecho que era porque el agua estaba asquerosa y nos podía salir un tercer ojo.

La dueña del hostal posee una isla en frente de la isla de Cat Ba, así que allí nos fuimos para pasar la noche (Figura 4). En esta excursión conicidimos un grupo de gente bastante interesante lo que hizo que toda la excursión en sí fuera muy divertida.

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Figura 4: Isla privada de la Sra. Chien

A la mañana siguiente había que levantarse para ver amanecer. Yo a las 5:30 estaba en planta y salí a ver el amanecer que todavía no había sucedido, vi el paisaje y pude imaginarme perfectamente cómo sería el amanecer, así que me volví a la cama con esa visión en mi imaginación. Después de desayunar y a una hora más decente, subimos a lo más alto de esta isla para ver el paisaje y ya emprendimos la vuelta.

Llegamos a Ha Noi otra vez sobre las 5 y a eso de las 9 salía un autobús para ir a Sa Pa, mi segundo tour organizado. Yo en el camino de vuelta estaba gestando alguna enfermedad y ya al hostal llegué con fiebre.

Mi agonizante viaje a los arrozales de Sa Pa

Con un frío de mil demonios, esperé en la calle ataviada con un polar a que dieran las 9 para coger mi bus a Sa Pa. Obviamente, todo el mundo me miraba como si estuviese loca porque frío no hacía.

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Figura 5: Inma y yo haciendo el tonto en Sa Pa

Si entraba en el hostal, un karaoke de bajísima calidad y altísimos decibelios me recibía junto a un chorro de aire frío. Me di una ducha de temperatura magmática que hizo que me bajara la tensión más de lo debido y casi me da un desmayo, me sobrepuse de eso y mi estomago empezó a descomponerse. Así que me tenéis febril y cagalerosa esperando un autobús. En esa situación conocí a Inma. Una muchacha de Córdoba que también se había apuntado para hacer lo de Sa Pa (Figura 5).

Con casi una hora de retraso nos recogieron del hostal para llevarnos al bus. Yo sólo quería acostarme.

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Figura 6: Sonriente pero febril en el sleeping bus

Los “sleeping bus” son la mejor cosa que se ha inventado, no sé cómo ALSA tiene la cara de llamar a sus autobuses SUPRA (Figura 6). En cuanto me puse en horizontal, dormí y sudé a partes iguales.

A eso de las 12 de la noche yo ya había sudado toda mi fiebre y el bus se detuvo para hacer una parada. Yo un poco “empaneitor” tardé un poco en reaccionar, pero en cuanto pude fui al baño. Recordemos que la fiebre era sólo la mitad de mis problemas.

Cuando vuelvo del baño a montarme en mi autobús resulta que ese no era mi autobús. El autobusero en un perfecto vietnamita acompañado con mímica me explicó que el mío se había ido… “¿Y qué hago yo, en una estación de servicio cerrada a media noche con un autobús que se ha llevado todas mis cosas?”

El autobusero me insinuó que llamase al otro autobús. Esta idea hacía aguas por todas partes, puesto que mi móvil estaba en el bus y además no tenía el teléfono de nadie. Le pregunté si él iba a Sa Pa y su respuesta fue reírse, me dijo “¡Anda, móntate!”. Todo esto cada uno hablando un idioma que el otro no entendía.

A la vez, en el otro autobús Inma se percató de mi ausencia y se puso a gritar como una loca hasta que consiguió que pararan. Y allí se quedó mi autobús parado en una cuneta a que yo apareciera por arte de magia, cosa que sucedió cuando el segundo bus alcanzó al primero. Entré entre abochornada y digna y descubrí que todas las personas que estaban sentadas a mi alrededor eran españolas. Así fue como entre Inma y yo se forjó una amistad intensa en tan poco tiempo.

Tras este incidente llegamos a Sa Pa donde nos recogieron para ir a un pueblecito de la tribu H’Mong (que se pronuncia algo asi como jamón, lo que augura que sea bueno).

Vida campestre en los arrozales de Sa Pa

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Figura 7: Terrazas de arroz

Ya curada de la fiebre, pero aún cagalérica, después de un poco de descanso empezamos una caminata por el campo.

Cool fue nuestra guía (lo escribo así porque me parece más guay, pero no sé cómo se escribe), una muchacha encantadora de la tribu H’mong que además de trabajar en el campo es guía y hace caminatas. No solo nos enseñó los paisajes tan bonitos de esta zona sino que nos explicó con todo detalle como es la vida allí, cómo se hacen la ropa, nos invitó a su casa, cómo trabajan, cómo te casas, los partos en casa… TODO.

Yo con mi descomposición y debido a que no había comido nada desde la comida del día anterior, estaba un poco de capa caída. Inma, otra vez, vino a mi rescate dándome drogas buenas (Smecta, mano de santo). Eso unido a una dieta de arroz, que allí es muy fácil de seguir, hizo que me recuperara vertiginosamente.

La caminata del día siguiente fue ya otra cosa, yo plena en mis facultades. Además, el segundo día tuvimos la oportunidad de llevar un cámara que estaba haciendo este reportaje (ver más abajo) donde tenéis la oportunidad de ver mi cara de sufrimiento ascendiendo por caminos de barro.

Me dio mucha pena dejar ese remanso de paz para tener que volver a la caótica Ha Noi, pero al menos hice muy buenos amigos que me han acompañado en más etapas de este viaje.


Nota: la foto de la piragua está realizada por mi compañero de piragua Bradley Chalmers

El mismo cámara de SaPa hizo un reportaje sobre la excursión de la bahía de Halong, en este caso con otro grupo, pero también podéis cotillearla aquí.

2 Comments:

  1. Me quiere sonar que no es la primera vez que te equivocas de autobús al volver del baño en la parada…

    • Uish! Pues no se por qué…
      Al menos esa vez el bus seguía allí, y en Guarromán la comunicación es más sencilla

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