Vietnam Central. Un lugar para quedarse.

Tras pasar una primera semana en Vietnam bastante movidita, decidí que mi segunda semana en este lugar iba a ser más relajada. Que la cara se me llenara de herpes como si de lepra se tratase, era totalmente una señal. Me dirigí a la región central de este país para descubrir Hué y Hoi An.

Me monté en un “sleeping bus” (mi transporte fetiche de este país) y amanecí desconcertada en Hué. Supuestamente deberíamos haber llegado a las 9 de la mañana, pero yo no sé cómo conducía nuestro autobusero que llegamos a las 6:30. Durante todo el viaje estuvo lloviendo torrencialmente, lo que se tradujo en que cuando cogí mi mochila estaba chorreando (eso da mucho asquete, os lo aseguro). Gracias a Dios todas las cosas electrónicas viajaban conmigo arriba y toda mi ropa estaba sucia previamente. En mi hostal me dejaron hacer el check-in a esas horas tan tempraneras con lo que pude mandar mi ropa a lavar y echarme una siesta.

Hué, capital histórica

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Figura 1. Entrada a la ciudadela de Hué

Hué en su día fue la capital de Vietnam. Más tarde quedó muy cerca de la frontera entre Vietnam del norte y del sur, lo que hizo que durante la guerra fuera muy bombardeada. Posee un centro histórico bastante importante y un conjunto de monumentos que poco a poco están reconstruyendo (Figura 1). Resulta muy agradable pasearse por la ciudadela. Eso si no te cruzas, como yo, con un perro que decide intentar atacarte. Solo consiguió coger el pantalón, que me rompió, No me molestó mucho porque el pantalón estaba sucio y de los tres que he traído es el que mas posibilidades tenía de quedarse en el camino.

En esta ciudad la gente es un poco más insisntente que en Ha Noi y tienes que lidiar mucho para convencerles de que no quieres ir en moto a ninguna parte. Yo al final acabé yendo a ver una pagoda y unas tumbas.

Aunque la ciudad está bien, no acabó de convencerme, así que al día siguiente cogí otro autobús para ir Hoi An.

Paz interior en Hoi An

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Figura 2. frente a un puesto de farolillos.

En Hoi An encontré un lugar para quedarme. Es una ciudad bonita en sí y gracias a que las motos están prohibidas en el centro de la ciudad, es muy agradable.

En este lugar son famosos los farolillos, por la noche la ciudad casi no tiene farolas y se ilumina básicamente con estos farolillos (Figura 2). Así que desde el centro de la ciudad puedes contemplar perfectamente las estrellas. Aunque todo esto encandila mucho, lo mejor que tiene este lugar es lo bien que se come.

En general en todos los sitios en los que he estado de Vietnam se come muy bien, vas a cualquier puesto desastroso y te sirven una comida riquísima. Pero en Hoi An eso alcanza otro nivel. Además, el hecho de que este país sea tan barato para nosotros hace que puedas darte bastantes homenajes en restaurantes mejores. Pero no es algo que sea necesario porque, por ejemplo, en el mercado se come estupendamente.

Reencuentros

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Figura 3. Más perdidas de lo que nos creíamos.

En esta ciudad me reencontré con Inma, mi salvadora. Gracias a ella conseguimos unas bicicletas gratis y nos fuimos a la playa. La playa está muy cerca y el camino no tiene pérdida, todo recto, pero a nosotras nos gusta la aventura. Para qué vamos a ir a la primera playa que encontremos pudiendo intentar buscar otra… (Figura 3) Conclusión: un paseo en bicicleta mucho más largo del esperado, una pérdida no muy grande y encontrar una playa con sólo dos personas más. Gran siesta merecida después de tanto pedaleo. En esta ciudad, además de reencontrarme con Inma, tuve que despedirme de ella… pero bueno, estoy bastante segura de que no encontraremos en algún lugar del mundo (ella ya le ha cogido el gusto a esto de “viajar sola”).

Especialidades de Hoi An

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Figura 4. Haciendo tortitas de arroz.

Gracias a que Hoi An es la capital gastronómica de Vietnam, es muy fácil encontrar cursos de cocina y los tenemos de todos los rangos y precios. Yo me apunté a uno que gestionaban desde mi hostal.

Fue estupendo y ahora sé hacer tortitas de arroz (Figura 4), el motivo principal por el que Vietnam está en mi recorrido (es mi plato favorito de aquí). Y unos cuantos platos más que cuando me decida a hacer la entrada gastronómica que muchos estáis esperando, os contaré con tranquilidad.

Además de ser conocida por la buena comida, esta ciudad es muy importante por sus sastres. Tras el episodio del perro en Hué mi gran fondo de armario se vió mermado. Así que aproveché la gran cantidad de tiendas de ropa y casi me hago unos pantalones a medida. Al final me dio pereza, pero me he comprado unos de elefantes maaaás chuuuulos… Fue un antojo totalmente, porque no pegan con casi nada de la ropa que traigo. Menos mal que no sé combinar y me los pongo con lo que me da la gana.

Estos días en Hoi An me sirvieron mucho para descansar y que mis herpes mejoraran a una velocidad bastante asombrosa, y menos mal, porque me esperaba un momento muy agobiante que os contaré en mi próxima entrada (Taninoniiiii)

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