Mi viaje infinito hacia Laos

Aunque en general llevo una vida de color de rosa, hay momentos en los que también lo paso mal. Aquí os relato detalladamente mi viaje desde Vietnam a Laos, donde la incomprensión, el no saber cómo funcionan las cosas y no compartir ningún idioma ni forma de comunicación, hicieron que pasara, de verdad, un mal rato. Eso sí, ahora lo recuerdo con una sonrisa en los labios.

No todo es perfecto (Banda sonora AQUÍ)

Todo empezó cuando en mi hostal de Hoi An pregunté cómo podía ir en autobús hasta Pakse, la ciudad de Laos a la que quería dirigirme. Una muchacha después de marearme un poco y hacer como unas cuatro llamadas, me dijo que ellos podían venderme un billete por 800.000 dong (32€) que hacía el siguiente recorrido: de Hoi An a Huế (noche de hostal en Huế incluida) y luego a las 6 am un “sleeping bus” hasta Pakse, sin cambiarme de autobús en ningún momento, que llegaba a las 7 pm. Primero me dijeron que la comida también estaba incluida y luego que no. Yo acepté la oferta.

El autobús de horarios cambiantes

Supuestamente, mi autobús de Hoi An a Huế salía a la 1 pm (y eso ponía en mi billete), luego que no, que a y media, pero que no me fuera muy lejos por si acaso. Me recogió un señor que me llevó a una agencia de viajes y me dijo que sí, que a las 6 am salía mi bus y que en la frontera paraba media hora para que hiciéramos el visado, y luego ya iba a Pakse sin cambiarme de autobús.

Llego a Huế y allí me dicen que al dia siguiente no salía a las 6 am sino que a las 8:30 am, que me recogían de mi hostal y que llegaría a Pakse a las 10 pm más o menos.

Al día siguiente me recogieron del hostal a las 8:55 y me llevaron hasta el autobús, que al final salió de Huế sobre las 9:20. Era uno de mis amados sleeping bus.

Autobuses como medio de tortura

Hasta ahora no os he contado una peculiaridad sobre los autobuses de aquí. No son para transportar personas, eso es secundario, son para transportar cosas. Por ejemplo, en el autobús de Ha Noi a Huế, creo que en la bodega llevábamos un coche por piezas (el parachoques seguro), y unas 25 cajas muy grandes. En el de Huế a Hoi An, dos scooters, varios sacos de arroz, y muchas cajas misteriosas. En este bus, todos los pasillos estaban llenos de cosas, y unas colchonetas sobre éstas para que el pasillo fuera practicable. Los 6 últimos asientos también albergaban una cantidad de productos variados, y en la bodega, pues no sé lo que habría, pero está claro que las maletas sólo no.

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Figura 1: El autobús en sí

Por ahora todo bien, yo era la única no vietnamita del autobús y me senté donde me dijeron (Figura 1). Intenté cerrar el aire acondicionado pero no me dejaron, así que comencé el proceso típico de criogenización para los viajes espaciales.

Al poco empezó a sonar, a un volumen extraordinario, música vietnamita. Yo creo que a base de pitar tanto mientras conducen, los vietnamitas en general son sordos y por eso tienen cierta tendencia a poner la música a un volumen insoportable. Junto con la música aparecieron unas cuatro pantallas donde podíamos ver una sucesión de programas al estilo del de Nochebuena mezclado con el “Noche de Fiesta” autóctono.

Hasta aquí todo iba acercándose más a un método de tortura que a un medio de transporte.

Odiando fronteras (parte 2 de muchas)

Hicimos una parada en la que fui al baño como si Flash (el relámpago humano) me hubiera poseído, y me quedé todo el rato pegada al autobús, el suceso de Sa Pa dejó cierta marca en mí. El viaje continuó hasta que nos acercamos a la frontera.

Primero se subió una muchacha al bus a cambiarnos el dinero de Dong a Kip (con un cambio muy favorecedor para ella), le cambié gran parte de mi dinero porque no sabía cuando iba a encontrar un cajero y no me gusta la idea de estar en un país sin dinero. Después paramos en una estación de servicio y me dijeron (por lo general por señas) que teníamos media hora para comer y luego tenía que ir andando a la frontera para hacer el visado. Yo comí muy apresuradamente y me fui sin pagar (así que al final sí que iba a tener la comida incluida), y fui corriendo a la frontera. En ningún momento me dieron la opción de coger mis cosas del autobús, pero bueno, ese autobús, aunque pusiera Vien Tian en grande en la parte frontal, supuestamente me iba a llevar a Pakse.

Por culpa de la Unión Europea nunca he pasado una frontera terrestre siendo responsable de mis actos, así que no conocía del todo bien el proceso, e hice lo que se suele hacer en estos casos: lo que hacía todo el mundo. Todo el mundo, en este caso, era una horda de vietnamitas con muchísima prisa que se te colaban descaradamente. Cuando les replicabas por tal descaro pretendían sobornarte con 10.000 dongs (20 céntimos).

Me pusieron mi sello de salida de Vietnam. Y yo feliz y contenta porque no quería que se cumpliera mi día 15 de estancia sin salir del país. Entonces me dirigí hacia donde se dirigía la horda, que era una ventanilla del lado laosiano. Ahí era un despiporre: una bulla sin ningún orden lanzaba a través de la ventanilla los pasaportes con un billete de 10.000 dong dentro a una montaña donde se iban acumulando. Yo había leído que el visado para entrar en Laos eran unos 40$ y que hace falta una foto, así que metí la foto y los 40$ en el pasaporte, una chica cercana a mí me dijo que quitara 20$ y un señor me quitó el pasaporte y lo tiró a la pila. Casi me da un jamacuco. Últimamente, dejar mi pasaporte en algún sitio es como si dejara mi hígado, verlo ahí en una montaña de pasaportes me daba mucha ansiedad. Menos mal que los pasaportes vietnamitas son verdes y podía reconocer todo el rato cuál era el mío.

Llegó el momento en el que el señor de la aduana cogió mi pasaporte. Después de llevar allí un buen rato, me dice que ahí no es donde tengo que ir, sino a otra ventanilla. Yo ya estaba muy agobiada con el tiempo y parecía que todo el mundo también. Recogió mis 20$ de la montaña de los sobornos y me los devolvió (mira que majo el hombre). Me fui a la segunda ventanilla en la cual no había nadie haciendo cola, y me dieron 2 impresos para rellenar, los rellené a la velocidad del rayo, me pidieron 35$ y me pantificaron un visado precioso en mi pasaporte. Tenía que volver a la ventanilla anterior en la cual ya no había nadie, todo el mundo contaba ya con su sellito y estaba en Laos. Conseguí mi sello sin tener que sobornar a nadie y me dirigí a Laos. Miré el reloj, había pasado 1 hora y cuarto.

Si previamente un autobús no me hubiera abandonado, creo que no me habría preocupado. Pero claro, mis experiencias anteriores hicieron que pensara que a lo mejor el autobús se había marchado sin mí y con mi mochila hacia Laos.

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Figura 2: Dibujo que habla por sí solo para preguntar dónde esta mi autobús con mi maleta

Lo normal en estos casos es buscar a alguien que te suene que fuera en tu bus. Aquí tuve un gran problema: todos los pasajeros de mi autobús eran vietnamitas, con su consecuente cara de chinos que ya les hace un poco homogéneos, pero es que además, todos los que estaban a mi alrededor llevaban mascarilla. Diferenciar entre chinos con mascarilla requiere un nivel que yo no tengo. Había una muchacha con un niño chico que me sonaba, pero claro, podía ser otro niño. Intenté preguntarle a todo el mundo si venia de Huế. Nadie me entendía. Recurrí entonces a la artillería pesada: empecé a dibujar para ver si alguien me explicaba dónde estaba mi autobús con mi maleta dentro (Figura 2). Un señor (cargado de paciencia, la verdad) que, aunque me dijo que no venía de Huế él iba en mi autobús, pareció entenderme y me dijo que estaban poniendo cosas encima del autobús y que ya vendría (eso con dibujitos también).

No me quedó otra que creerle y esperar. Ya, aunque el agobio me sobrepasaba, me había resignado y habían pasado unas 2 h y media. Entonces apareció un muchacho del que me sonaba mucho la cazadora, ¡iba en mi autobús! Por si ese dato fuera poco, me miró y me empezó a hablar en inglés mientras mis ojos se llenaban de lágrimas y yo veía como le salían alas de ángel sálvador (Figura 3). Y me dijo: “I was in your bus”, que alegría más grande, casi le doy dos besos y todo. Y nos pusimos a charlar.

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Figura 3: Tin, mi ángel salvador

A las 3h de haber llegado a la frontera apareció el autobús con muchas cosas encima, como había vaticinado el señor paciente. Me alegro mucho de haber memorizado la matricula de mi autobús previamente, porque antes de que apareciera mi ángel salvador pasaron dos autobuses más procedentes de Huế del mismo color que el mío. Nos volvimos a meter en el autobús donde las cajas se habían multiplicado por dentro también.

Aventura laosiana

En este momento empezó a preocuparme el hecho de que en el letrero frontal del autobús rezara VienTian en vez de Pakse. Además, tanto el señor paciente, como la mujer con niño y el ángel salvador se dirigían a Vien Tian. De hecho nadie de ese autobús se dirigía a Pakse. Llegó la hora de la cena, pero yo ya tenía el estómago totalemente cerrado así que me quedé, como es ahora mi costumbre, al lado del autobús. Tras la cena le pregunté al angel salvador si podía preguntar que qué pasaba conmigo, que yo iba a Pakse. Él y su compañero, que también hablaba inglés, me dijeron que ya lo habían preguntado y que en 100km tenía que cambiarme de bus.

Cuando llegamos al punto de separación, el autobusero, que aunque no nos entendiéramos por problemas lingüísticos era muy majete, me acompañó y me sacó el billete para Pakse, y me dijo que esperara allí al autobús. Ya eran las 8 pm y de noche totalmente cerrada. No tenía ni idea de a qué hora iba a llegar a Pakse, y ni si el hotel que había reservado iba a estar abierto. En esa estación de autobuses un poco siniestra, donde empezó a llover, se me acercó un muchacho y se puso a charlar conmigo para practicar inglés. Él me comunicó que como mínimo se tardaban 3h desde allí hasta Pakse, y allí estuvimos los dos de charleta más de una hora, hasta que apareció mi segundo autobús.

Este autobús ya no era sleeping bus, pero era tan hortera que no me importó. Sobre el parachoques tenía dos muñecos Michelín fosforitos con cascos de samurái. Por dentro unas cortinas con puntillitas como si el autobús fuera de una abuelita. Y dentro, más de la mitad del autobús estaba llena de mercancía.

A eso de las 9.30 emprendimos la marcha hasta Pakse. Entre la lluvia torrencial y el estado de la carretera, creo que nuestra velocidad máxima fueron 50 km/h. Además, íbamos parando constantemente para ir dejando parte de nuestra mercancía.

La primera en la frente

Sobre la 1:30 llegamos a una estación muy grande. La señora que estaba más cerca de mí se bajó y le pregunté si eso era Pakse, me dijo que sí; le pregunté a otro señor y me dijo que no; luego a una chica que me dijo que no; y después el señor anterior se volvió a subir al bus para decirme que para Pakse sí que me tenía que bajar ahí. Así que iban ganando dos a una y me bajé. Hay que tener en cuenta que mi estado en ese momento no era el más lúcido. Tal como me bajé, el bus se fue. Todo me parecía muy raro.

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Figura 4: Ejemplo de Tuk Tuk

El señor con dudas sobre si eso era Pakse era el dueño de un tuk tuk (isocarro típico para el transporte en estos países, Figura 4). Así que apareció con su tuk tuk diciéndome que me llevaba a Pakse, que me montara y le esperara allí. Y allí estuve esperando. Mis otras posibilidades eran salir del tuk tuk y adentrarme en una manta de agua sin saber dónde estaba ni a dónde dirigirme. Al rato llegó un autobús que llenó el tuk tuk de limones. Allí me veis a la 1:45 de la mañana, después de llevar todo el día montada o esperando un autobús, sin saber dónde estaba, rodeada de limones. A estas alturas no me importaba tirarme en el suelo del tuk tuk y dormir embriagada por el aroma de los limones. Mi cupo de agobio para el día ya lo había cubierto.

A eso de la 1:50 decidí salir de allí e ir a buscar a mi tuktukero. Me lo encontré en una sala de espera de la estación, donde pude comprobar que sí que estaba al menos en Pakse, viendo la tele. Le dije que qué pasaba, que yo tenía una noche de hotel reservada, que me llevase a Pakse AHORA. Después de un duro regateo en una moneda de la que todavía no controlaba el cambio, quedamos en que me llevaba en ese mismo momento a la puerta de mi hotel. La estación estaba bastante lejos, más alla del aeropuerto. Llegamos a las 2:15 y le pagué algo menos de 2€.

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Figura 5: Mi habitación de Pakse

Afortunadamente, cuando llamé a la puerta me abrieron y me dieron una habitación para mí sola. Cuando llegué a la habitación ví que las toallas estaban puestas en forma de cisne (Figura 5). Con el cansancio que tenía me dio un ataque de risa, porque me pareció tierno y absurdo.

Al día siguiente descubrí que Pakse tiene varias estaciones de autobuses, y que la última parada del mío estaba a menos de 5 minutos andando de mi hotel…


La foto de la entradilla de la frontera de Laos está sacada de aquí

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