Vida en familia. Turning japanese.

Mi última semana en Japón se la tenía reservada a Tokio. Tras exprimir al máximo mi amado JR Pass, el mismo día que caducaba cogí mi último Shinkansen, destino Shinagawa (Tokio). Allí me esperaba Take, que me abrió las puertas de su casa. Durante una semana tuve la maravillosa oportunidad de vivir con una familia japonesa.Estaba faltando ya esta canción (AQUÍ).

Take es un compañero de equipo que nos ayuda a entrenar. Aunque sorprenderá a alguno, yo soy deportista de élite: juego al softball en el CBS Rivas. Algún día os hablaré de mi equipo con más detalle, pero ya que lo nombro no puedo dejar de decir que más que un equipo deportivo es un equipo de mucha calidad humana (y labor social, porque hacerme a mi deportista de élite tiene mucho mérito social). Take viene tres meses al año a Madrid a jugar en el equipo de baseball senior (la calidad humana también le ha enganchado).

Fui a su casa, que está, como describe él mismo, en el Rivas de Tokio. Es decir, en un pueblo más tranquilo cerca de Tokio. Si se va a visitar la capital nipona la verdad es que creo que da igual quedarse en el centro que en un pueblo; de todas maneras, vas a tener que coger muchos medios de transporte, así que si la diferencia de precio es mayor a 8€ diarios es mejor a las afueras.

Llegué bastante tarde, ya que previamente me había dedicado a coronar una montaña (como cuento aquí), pero aun así la madre de Take tenía preparada una cena para mí. Al verme me reconoció, porque como en toda buena cocina, en su cocina tienen el calendario del equipo. En todo momento me trataron maravillosamente, tenían una habitación para mí, me lavaron la ropa y el padre de Take me acompañó durante gran parte de mis visitas. Gracias a él tengo muchas experiencias que de otra manera no hubiera vivido.

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El primer día fui por mi cuenta a conocer algo de esta ciudad. Tenía muchas ganas de visitar ya Tokio; hasta ahora había coincidido con muchos japoneses y aunque no voy a negar que tienen sus peculiaridades, tampoco me parecían fuera de serie. Suponía que en la capital iba a encontrarme con el cliché de sociedad japonesa extraña. ¡Gran decepción! Los japoneses no son tan raros como me los esperaba. Sí que es cierto que en Tokio es más fácil encontrar gente más peculiar, pero pensemos todos en nuestras respectivas capitales, ya sean nacionales o comarcales… eso, siempre es así.

Turismo ordinario

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Figura 1: Delicias en Tsukiji

Intenté ir al Palacio Imperial, pero cierra los viernes. Así que me contenté con ver parte del jardín. Visité el mercado de Tsukiji. Por lo visto, lo mejor es ir a este mercado a las 4 de la mañana para ver la subasta de pescado. No sé cómo es, pero si es necesario soy capaz de imaginármela estupendamente; además, no soy muy fanática de que los guiris estén por ahí dando vueltas, molestando a la gente que está trabajando o haciendo su vida (puedo poner mil excusas más, si queréis, para justificar mi ausencia en la subasta). A mí me gusta mucho visitar los mercados, me parece que son de las cosas menos globalizadas: la ropa es ya más o menos la misma en todas partes, pero la comida todavía no.

En el mercado se pueden encontrar cosas bastante alucinantes como los calamares finos y seguros (Figura 1), cangrejos de todos los tamaños, y cosas sorprendentes como que hay percebes. Es un mercado muy entretenido pero en cuanto llegué empezaron a cerrar muchos puestos, me dio mucha pena.

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Figura 2: Juguetes variados, y muestrario de godzillas en Akihabara

Como una de las cosas que más me interesaba de Tokio era ver gente rara, mi siguiente parada no podía ser otra que Akihabara. Este barrio se conoce por dos cosas: es la capital de la electrónica, lo que empezó como un mercado negro de componentes de radio, se ha convertido en un barrio con grandes centros dedicados exclusivamente a aparatos electrónicos; y es el centro del manga, anime y todas sus variantes (Figura 2).

Ni la electrónica ni el manga se encuentran entre mis aficiones favoritas, pero este barrio es muy entretenido de ver. Queramos o no, muchos hemos crecido viendo Bola de Dragón, Sailor Moon, Heidi… reconocemos fácilmente un transformer o a Mazinger Z y sabemos bien cómo es Godzilla.

Aunque todo lo que he escrito en el párrafo anterior te haya sonado a chino (mal, porque es japonés) este barrio sigue mereciendo la pena. Y ¿por qué? porque es el lugar donde ser friki está bien visto, así que vas a encontrar a frikis de todo el mundo sin ningún tipo de vergüenza, exaltados en su frikismo. Y a muchas muchachas que trabajan para los locales del barrio vestidas como si hubieran salido de un cómic.

Lo que más pena me dio es que las mujeres no podemos entrar en las secciones de hombres y que la gran mayoría de cómics vienen precintados. Porque otra cosa de la que había oído hablar mucho era de lo explícitos que pueden llegar a ser algunos cómics y de la falta de vergüenza que muestran al leerlos en público. Aunque es cierto que muchas cosas no es que sean para niños precisamente, no he encontrado nada que llegase a sacarme los colores.

Vida japonesa

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Figura 3: Breakfast of the champions

Gracias a estar alojada en tan envidiable lugar, he podido llevar una vida lo más japonesa posible. Cuando me levantaba me encontraba un desayuno hecho con una nota en japonés (Figura 3), el primer día casi se me cae una lagrimita de la emoción. He podido aprender a hacer onigiris, la base de mi dieta en este país. He practicado mi swing al túnel de bateo, una actividad muy seguida en este lugar. He asisido a un partido de rugby para acabar la noche en un bar de borrachos comiendo yakitoris (nunca hubiera encontrado tan maravilloso sitio sola).

Y también me invitaron a esta fiesta: 15 japoneses (aproximadamente) con edades comprendidas entre los 50-60 años, que sólo hablaban japonés en un barco en el que se comía maravillosamente, con 2 horas de barra libre y un karaoke. Gracias a dios, el karaoke no contaba con ninguna canción en español. Maravilloso.

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Figura 4: Barco-Karaoke

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Figura 5: Yo y el padre de Take con un humorista muy famoso, del nombre no me acuerdo.

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Figura 6: Kappabashi y la comida de plástico, ese gran arte)

Me han enseñado una tienda de siete plantas dedicadas casi por completo a las manualidades, he podido reconocer que estaba pasando al lado de una eminencia del humor japonés (Figura 5) y he descubierto Kappabashi (Figura 6), la calle donde puedes encontrar todo lo necesario para motar tu negocio de restauración. Con lo que me gusta a mi una tienda de cocina, disfruté allí como una enana. Esto si te interesa lo más mínimo, lo recomiendo mucho.

Me quedé con las ganas de hacer un cursillo de modelaje de comida de plástico, la que por supuesto vendían allí, y me quedé embobada viendo los cuchillos tan bonitos y tan buenos que tienen. Además, lo mejor de ir con un autóctono es que te cuenta para qué sirve cada chisme; como tú comprenderás, en España no se ve muy a menudo el cuchillo de cortar soba.

Espero que la familia de Take vaya a España y pueda atenderlos tan bien como ellos hicieron conmigo, porque fueron mucho más que generosos. Me sentí muy a gusto y me lo pasé muy bien. Yo creo que con la cena española les convencí de que es un buen destino.

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Figura 7: Cena española vs cena japonesa.

Gracias es lo menos que puedo decir.

 

 

2 Comments:

  1. Que les hiciste de cena?

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