Al sur del sur. The Southern Scenic Route por Nueva Zelanda

La “Southern Scenic Route” si estuviera en Australia se llamaría “The Great South Road” estoy segura. Una carretera que conecta Dunedin con Queenstown siguiendo la costa más meridional de este país sureño. En ella encontrarás acantilados, focas, leones marinos, pingüinos y albatros e incluso a los escurridizos kiwis, si sabes dónde mirar.

Al llegar a Nueva Zelanda de las primeras cosas que vi fue un mapita recomendando esta carretera. Era uno de los pocos planes que tenía en mente. Ya estaba equipada con mi coche-cama y en Dunedin. Cogí carretera y manta (bueno, edredón, que los tiempos han cambiado).

Volvemos a las bandas sonoras, esta parte del viaje me la pasé cantando esta canción.

Dunedin y la península de Otago

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Figura 1. Desgustación de cerveza en la fábrica de Speight’s en Dunedin

Dunedin es un lugar que merece dedicarle dos días. El primero a la ciudad, que puede llegar a tener su gracia (Figura 1). En este punto he de destacar que las ciudades de Nueva Zelanda no son su punto fuerte. Y el siguiente a la península de Otago. Yo me adentré en esta última siguiendo la costa hasta llegar a la puntita del final.

Allí puedes visitar pingüinos azules, previo pago de un importe. Los pingüinos se pasan el día en el agua y al atardecer vuelven a la playa, hora que el departamento de parques naturales cierra la playa y sólo puedes pasar si pagas. También puedes adentrarte en la zona de anidamiento de los albatros, por supuesto tras pasar por caja. Si eres de presupuesto escaso te contaré que puedes ver otros pingüinos (de una especie más rara) más adelante y para ver albatros basta con asomarse al mirador y esperar a que salgan a volar. Básicamente son gaviotas muy grandes. Por supuesto, yo opté por la opción para cutres.

Descubriendo fauna sureña

Pero lo mejor de esta península para mí no está ahí. Luego visité las playas de la otra costa. Donde encontré playas sin gente con leones marinos retozando al sol. Son muy graciosos. Se despiertan, bostezan, y vuelven a caer sobre la arena con ojillos que claramente piden “cinco minutos más”. Con un grácil movimiento de aleta se echan arena por encima como si tirasen de la manta (Video 1). Puedes acercarte bastante a ellos, pero tampoco es plan de estar fastidiándoles. A estos animales los encontrarás por muchos más sitios.

Continué por la carretera hasta Curio Bay. En este trozo hay varias playas con acantilados, muy bonitas. Paré en Cannibal Beach, pero luego me arrepentí de no haberlo hecho también en la Cathedral Cave, y en otras muchas con cuevas, que hay que andar un poco para llegar a ellas, pero que según las fotos que he visto merecen la pena.

En Curio Bay es donde ví por primera vez en mi vida pingüinos salvajes. Al atardecer hay que bajar a la playa y allí están descansando. En este caso son pingüinos de ojos amarillos y según me contó la guarda forestal, es la especie más rara de pingüino. La población está un poco afectada. En esa playa sólo son seis, yo sólo vi a dos, y por eso los guardas vigilan que no te acerques.

Más al sur no se puede

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Figura 2. Sur sur, pero no tanto

Cerca de Curio Bay está el punto más al sur de la isla sur de Nueva Zelanda. Le dan mucha importancia, pero no está tan al sur, en Europa esa latitud corresponde a Burdeos o algo así. Pero no hay nada entre ellos y la Antártida, lo que hace que les entre un aire muy fresco por ahí (Figura 2). También presumen de que Invercargill es la ciudad que está más al sur del mundo. Yo ya no sé qué pensar, porque estoy segura de que en Chile o en Argentina presumen de lo mismo.

Lo que sí que tiene Invercargill, que me gustó mucho, es una ducha publica por 1$, agua caliente sin límite de tiempo. Con mi coche-cama tenía asegurado un lugar donde dormir, pero no un lugar donde asearme. Mi estancia por Nueva Zelanda se ha caracterizado por una higiene muy muy precaria. He convivido con mi olor corporal y he comenzado a apreciarlo y todo. Cuando haga un resumen de mi estancia en este país contaré cuantas veces me he duchado en un mes y medio. La higiene está sobrevalorada.

Mamá yo quiero ver kiwis

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Figura 4. Fiordo de Milford Sound, vista 1

Desde Invercargill se puede desviar uno a Bluff. En frente de Bluff hay una isla, Rakiura, y desde este pueblo se pueden coger ferris para visitarla. En Rakiura podrás ver fácilmente kiwis en estado salvaje. Puedes contratar un tour que por unos 150$ te aseguran que vas a ver kiwis, si no, te devuelven el dinero.

Estos pájaros sólo pueden verse de noche cerrada, por lo que hay que pasar noche en la isla. Yo de todo esto me enteré tres días después de pasar por Bluff, así que me perdí los kiwis. Si me hubiera enterado antes hubiese tenido un dilema sobre si ver a estos animales merecían el desembolso del ferry, el tour y la noche en la isla.

Fiordos, esas rías tan bonitas

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Figura 3. Mi amigo el Kea

Luego la carretera se acerca a Fiordland. Un parque natural muy grande que como podreis deducir está lleno de fiordos. Las dos ciudades más importantes de esta región son Te Anau y Milford Sound. Yo tenía contratado un crucero para navegar por el fiordo de Milford Sound. Para llegar hasta allí solo hay una carretera por la que tienes que ir y luego volver por la misma, pero no te va importar porque es impresionante. Va por un valle glaciar con vistas a la montaña, luego se adentra en una zona de bosque y al final va por la montaña.

Aunque no son muchos kilómetros se tarda mucho más de lo que uno espera. Hay un túnel en el que hay que esperar mucho, pero los Kea (unos loros, Figura 3) te amenizan la espera. Y, mucho mas importante, no hay ninguna gasolinera ni cobertura en todo el trayecto. Yo me quedé en reserva nada mas salir de Te Anau y estaba viendo que me quedaba tirada y encima no iba a poder a llamar a nadie.

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Figura 5. Catarata en el fiordo de Milford Sound

Esa situación me estaba creando mucha ansiedad y vi que había una gasolinera de emergencia. Cuando llegué me dijeron que costaba 4$ el litro. Me quedé lívida al enterarme del precio, pero la opción de sin gasolina e incomunicada me parecía peor y eché cinco litritos para ir tirando. Cundo llegué a Milford Sound la gasolinera de allí no funcionaba. Al menos había mucha más gente como yo en situación desesperada y consiguieron que vinieran a arreglarla. Sorprendida me quedé cuando vi que el señor que vino a arreglarla era el mismo que el de la gasolinera de emergencia…

En Milford Sound llueve de media 290 días al año. Yo tuve un sol radiante, tanto que ni el capitán del barco se lo creía. Es la primera vez que visito un fiordo y la verdad es que es algo muy bonito (Figuras 4-5). Luego fui a hacer una caminata. Fiorland está lleno de rutas de lo más apetecibles. La más conocida es la de Milford Sound, una ruta de tres días que atraviesa el parque, su mayor problema es que hay que reservar los lugares de acampada con seis meses de antelación. Yo fui al lago Marian (Figura 6). La ruta consiste en subir una montaña boqueando para llegar a un lago enorme donde te entran unas ganas horrorosas de meterte, pero que al tocar el agua con el dedo gordo del pie se te hiela hasta la coronilla.

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Figura 6. El gélido lago Marian

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Figura 7: Gusanos fluorescentes

Te Anau es un pueblo que está a orillas de un lago gigantesco. Al otro lado del lago hay una cueva donde viven los Arachnocarpa luminosa. Un insecto que en su fase larvaria utiliza la fluorescencia para atraer a sus presas a unas tiras de moco colgante donde quedan atrapadas. La cueva está llena de esas larvas, lo que hace que el techo parezca una noche estrellada. Allí que me fui para ver estos bichos, toda la tesis trabajando con Larvas GFP y ahora pago por ver lo mismo pero al natural. He de decir que estéticamente es mucho más bonito que nuestras cámaras de moscas (Figura 8).

Deje el preciosisimo Fiordland a mis espaldas. La carretera te lleva hasta Queenstown, pero como yo ya lo conocía, lo pasé de largo para continuar descubriendo paisajes de ensueño.

4 Comments:

  1. Punta Arenas, en Chile, está 5 grados mas al sur que Invercargill. Debe ser la ciudad mas al S del mundo. (venga Angelito, comenta)

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