Australian Road Trip (II). Mar, montaña y Navidad

Tras salir de las infinitas circunvalaciones de Melbourne, tarea nada fácil, puse rumbo a Narooma. No sin antes dar unos cuantos rodeos. Allí la familia de Craig nos esperaba para compartir las Navidades con cuatro españoles.

Últimamente no pongo mucha banda sonora, en general porque se me olvida, pero si estás Navidades han tenido banda sonora es ÉSTA

El miedo, ese gran motor de la imaginación

Mi primer destino fue el Cabo Conrar. Una de las recepcionistas del macrohostal de Melbourne me recomendó ir allí. Muy buena recomendación. El problema es que estaba prohibido acampar. Me encontré a unos muchachos con una furgoneta y me dijeron que seguramente irían a otro sitio, también prohibido, pero donde era menos probable que por la noche te echaran (Figura 1).

El fin del día más largo

Figura 1. El fin del día más largo

Con esa información decidí cambiar de lugar y plantifiqué mi tienda en un lugar en donde estaba yo sola. No os voy a mentir: tenía miedo.

Estrené mis cartones/esterilla y me metí en la tienda. Escuchaba cada sonido amplificado y empecé a sentir cómo vibraba el suelo debajo de mí. Eso empezó a emparanoiarme mucho. Me acordé de haber visto señales de «Cuidado con los wonbats».

Mi escaso conocimiento sobre estos animales es que viven en madrigueras. Mi imaginació se puso a maquinar sin control: «¿y si he puesto la tienda encima de una madriguera de wonbat?», «¿y si quiere salir y de repente atraviesa la tienda y me veo con un wonbat aquí enmedio?». El otro hecho que conocía sobre estos animales es que son tan grandes como un cerdo chico. Por muy adorables que sean, que lo son, verte encerrada en una tienda de campaña con un animal como un cochino, desconcertado por no entender dónde está, me daba cierto reparo. Busqué en Wikipedia y me arrojó la información que buscaba: salen de sus madrigueras de noche. Todo cuadraba.

Para atenuar mi nivel de paranoia decidí encender la luz. Al rato pude comprobar que la vibración era causada por el viento. Éste movía las paredes de la tienda haciendo que se movieran los cartones, de ahí que notase que algo bajo mí vibraba.

Al final pude dormir tranquila, pero gracias a Dios era el solsticio de verano, es decir, la noche más corta.

Great Alpine Road

Al día siguiente decidí volver un poco hacia atrás en mi camino para coger la «Great Alpine Road». Como se llama Great, supuse que estaba bien. Es una carretera de montaña con sus cuantas curvas. La gracia es que va por las únicas montañas de este país, las Snowy Mountains. Es además el único sitio donde nieva, obviamente en otra época del año.

Si buscas curvas es estupenda, casi me mareo siendo yo la conductora, inaudito. Además tuve la suerte de no cruzarme casi con nadie. Y la verdad es que las vistas son estupendas (Figura 2).

En la cima de Australia

Figura 2. En la cima de Australia

A mitad de camino hay un pueblo que tiene pinta de estar muy animado en época de esquí, ahora parecía un decorado del oeste.

Esta carretera acaba en Wangaratta. Allí en Información y Turismo me encontré con una mujer adorable. No sólo me dijo donde podía acampar de forma gratuita en el pueblo, («yo no te lo he dicho, pero ahí no hay ningún cartel de prohibido acampar»), sino que además estaba dispuesta a invitarme a pasar la Navidad con su familia porque le daba mucha pena que la pasase sola. Le expliqué que yo ya tenía plan, que no se preocupase.

Además en este pueblo decidí comprarme un saco mas gordo, estaba ya hartándome un poco de pasar tanto frío. Mano de santo, desde esa compra ha hecho un calor…

Canberra, que se note que es capital

Yo quería pasar por Canberra. Todo el mundo a quien se lo comentaba me decía que no fuera. Pero a mí me da pena. «La pobre ciudad es la capital de este país, estoy más o menos cerca, y ¿no voy a visitarla?» (Figura 3)

Figura 3. Fuente muy grande de Canberra

Figura 3. Fuente muy grande de Canberra

Pasé de todas las recomendaciones y para allá que me fui.

Lo más bonito que tiene Canberra es su plano. No es que la ciudad sea fea, es que su plano es muy bonito. Mirad en Google Maps su vista aérea, merece la pena y es la forma más barata de hacer turismo.

Por lo demás me recordó a Washington, y es que ambas son capitales por conveniencia y se han diseñado para eso. Calles anchas llenas de paz, edificios gubernamentales y museos.

Entiendo perfectamente que la gente diga que no pierda el tiempo en ir allí, pero tiene su gracia.

Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad… Y después es Boxing day

La familia de Craig, un amigo de Bea y Gonzalo, nos acogió para pasar las fiestas. Así que en Narooma me reencontré con mis hospedadores por excelencia.

He de decir que no he visto un anfitrión más cumplido que John, el padre de Craig. Él se retiró al sofá, para que todos durmiésemos en camas. No importó cuánto insitieramos. En cada habitación nos había preparado la cama, puesto un juego de toallas limpio y una botellita de agua en la mesita de noche.

Aquí no se celebra la Nochebuena, pero yo creo que la presencia de cuatro españoles (la novia de Craig, Gloria, también es española), les ablandó el corazón y decidieron cenar en familia. Tampoco hay discurso de la Reina, lo da en fin de año, y supongo que a una hora rara, puesto que es desde Inglaterra.

Lo que sí que hay es mucho vino y muchas gambas. Pero muchas, muchas gambas. Y como está familia viene de Inglaterra hay Christmas pudding que, por si no lo sabíais, es el material más denso conocido. Nunca había probado uno de verdad, hecho por una madre con receta de familia y nunca, y esto es lo bueno del Christmas pudding, acompañado de mantequilla de brandy.

Figura 4. Tarde de Navidad, lo típico, subirse a una mesa

Figura 4. Tarde de Navidad, lo típico, subirse a una mesa

He hecho dos grandes descubrimientos culinarios, la ya mencionada mantequilla de brandy, maravillosa, y que me gustan las ostras. Las he probado muchas veces y nunca me han gustado, esa sensación de lapo de mar en tu boca me daba mucha grimilla. Como a mí me tienen muy bien enseñada, cuando sacaron ostras, pues yo las probé.

¡Mierda! Ahora me gustan las ostras, al menos las de roca del Pacífico. Con lo contenta que estaba yo sin que me gustaran. Estas son como más duritas y no perecen un gapo.

La verdad es que he pasado muy buenas Navidades, nos integraron muy bien en familia (Figura 4). Nos enseñaron la zona, fuimos a la playa, a ver focas (Figura 5), a emborracharnos, a jugar a Beer pong, donde además Bea les dió una paliza, hasta Santa Claus me dejó regalos (algo que no esperaba nada).

Figura 5. Bea acercándose peligrosamente a una foca

Figura 5. Bea acercándose peligrosamente a una foca

Al final acabamos quedándonos el Boxing day allí, les deleitamos con una cena española y con un vídeo típico de felicitación de Navidad (Vídeo 1).

3 Comments:

  1. Ciertamente el chrismas pudding hecho por madre inglesa no tiene nada que ver con el que venden. Está buenisimo, por lo menos el que hace la madre de Eli, que tu padre ha tenido a bien devorar el casa de tu hermano.

  2. Informático en las sombras

    Estoy muy indignado con que pienses que un wombat te podía atacar 🙁 ¿Cómo pensaste que semejante adorable criatura podría perturbar tu descanso?

    Y queremos saber qué te dejó el Santa Claus australiano..¿un bikini navideño? 😛

  3. ME parto de risa Mercedes. Lo de dormir en tienda en Australia entiendo que te emparanoiara…yo también lo sufrí. Sobre todo cuando un conejo? se estampó contra nuestra tienda en medio de la noche… digo un conejo porque la alternativa sería un emú, pero ése se hubiera llevado la tienda por delante…

    Me alegra que pasaras tan buenas Navidades!!!!!

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