Bali y Lombok con una gafe. (Capítulo final)

Dejamos atrás Java, con todos sus volcanes y tropiezos. Nos adentramos en Bali intentando esquivar a los turistas como nosotras, para acabar cayendo en guirilandia en las islas Gili. Finalmente, disfrutamos un poco de Lombok, donde despedí a nuestra autora invitada.

Como viene siendo habitual, cuento con colaboración para esta entrada: mi acompañante escribe en azul y yo sigo aburriéndoos en negro. Banda sonora AQUÍ.

Un autobús de última generación (ironía) nos dejó después de varias discusiones en Sinaraja (viva Google Maps que te dice dónde estás y no los autobuseros). En esta ciudad por fin pude cumplir con un sueño que tenía desde que pisé Vietnam: alquilar una moto (Figura 1). Siendo esta la primera vez que he conducido una moto.

Con Moto y a lo loco

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Figura 1: Vacaciones en Indonesia

La mejor forma de moverte en Bali es en moto. Inconscientes de nuestra capacidad de conducción dijimos “¿por qué no?” (Figura 1)

Ya motorizadas, nos dirigimos a unas cascadas impresionantes llamadas Gigit Waterfalls (Figura 2). El camino hasta llegar fue interesante, yo la verdad que lo pasé un poco regular. Cada 100 metros tenía que recordar a Mer las normas de circulación del país. Como, por ejemplo: “¡Pita todo el rato!”,” no te acerques tanto al acantilado”, “¡no atropelles a esa vieja!”.

La verdad es que llevar a Aroa de paquete/copiloto me ayudó mucho. Ella me iba indicando el camino, cuándo pitar (elemento de la conducción imprescindible en estos países) y el trazado de la carretera.

Mi inexperiencia con la moto era obvia, pero no hay nada como ser mujer y poner cara de soy tonta e inútil para que algún muchacho lleno de testosterona te ayude a arrancarla, recogerla del suelo cuando se te ha caído o girar la llave (soy tonta e inútil, no sólo pongo la cara).

Así motorizadas pudimos visitar varias cascadas muy impresionantes (Figura 2).

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Figura 2: Cascadas Gigit muy iluminadas.

Llegamos a las cascadas sin un rasguño. El sendero hacia las caídas de agua es sencillo y está bien señalizado, a mi cabeza, no sé por qué, le pareció mejor continuar por otro sendero un poco más angosto. Después de trepar unos 200 metros entre la maleza y que empezase a llover, Mer se enfadó un poquito conmigo. Me hizo entrar en razón, ese no era el camino a no ser que fuésemos monos. Pues nada, ahora tocaba bajar, culo a tierra y para abajo. Conseguimos llegar a las susodichas cataratas y pegarnos un merecido baño.

Atravesando Bali como señoritas

Debido a la lesión de Aroa, nuestro viaje tomó tintes señoriales. En nuestro próximo movimiento, atravesar Bali de norte a sur, decidimos contratar un taxi, ¡así por todo lo alto!. Esto nos permitió parar a mitad de camino en el templo hinduista más grande de Bali, Besakih (Figura 3).

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Figura 3: En lo mas alto del templo Besakih. Foto realizada por nuestro guía favorito

Abandonamos Singaraja, como dos señoras. En coche privado con conductor para nosotras. Nos fuimos a ver el templo más importante de la isla, Besakih nos esperaba. Totalmente recomendable el sitio, eso sí, hay que tener cuidado porque van a intentar meterte un guía por todos los medios posibles. Nosotras conseguimos librarnos, teníamos solo una horita (es lo que tiene ir como señoras, cuanto más tiempo, más tendríamos que pagarle al conductor) y no íbamos a coger un guía solo para eso.

Aquí, gracias a uno de los millones de guías que había que hablaba español, para colmo con acento gaditano, descubrimos una expresión fantástica en indonesio. Si quieres pedirle a alguien que sea tu pareja sólo tienes que decir: “¡¡MARIQUITA PACHARÁN!!”. Tuvimos que corroborar la veracidad de esta información. Cada vez que lo preguntábamos, la gente se ponía colorada. Apuntaba a que era verdad. Quiero el copyright de las camisetas: Mariquita + Botella pacharán = Matrimonio.

El taxista nos dejó en la puerta de nuestro hostal en Padang Bai (Bamboo Paradise). Allí nos recibieron con zumos de tamarindo. Se estaba tan a gusto y los zumos tan ricos, que sin ver la habitación ni nada alargamos una noche más la estancia (somos unas facilonas).

Ya era hora de playa

Ya nos tocaba descansar, llegamos a Padang Bai. La idea era pasar sólo una noche y partir en un barco a las Islas Gili. Fue imposible, este pequeño pueblo pesquero te atrapa por su aire de calma. Decidimos prolongar nuestra estancia. Pude disfrutar de mi primera experiencia de snorkel, conociendo de primera mano a todo el reparto de “Buscando a Memo“.  También de una cena impresionante en compañía de una pareja de granadinos que nos encontramos por la calle (Figura 4).

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Figura 4: Atún tun tun tun.

Padang Bai no sólo tiene zumos, también tiene un par de playas muy estupendas donde se puede hacer snorkel. Además, aquí el pescado no sólo se ve sino que también se come. Por la noche los warum (bares) sacan el pescado que tienen a la calle, tú señalas y ellos te lo hacen en una barbacoa (Figura 4). Yo creo que reconocí a alguno de las sesiones de snorkel. ¡Qué cosa mas rica!.

Los dioses parecían que se habían olvidado de mí, yo ya estaba medio recuperada, sin dolores y pudiendo nadar. Poco duró la tranquilad. La primera noche, buscando un sitio para cenar, la lluvia nos sorprendió. Nos cobijarnos en un porche. Justo en el momento que parecía que paraba, decidimos salir corriendo hacía el restaurante, con tal mala pata que me resbalé y como si se tratase de un tobogán de parque acuático, acabé tirada en el río, que minutos antes era una calle transitable, bajo el chorro de agua del canalón. Vuelta a empezar, mi costilla magullada volvía a aparecer. Los vecinos salieron tras escuchar los gritos de Mer mientras yo buscaba la manera de respirar bajo ese chorro de agua.

No le guardo rencor a la ciudad, eso sí, la próxima vez que salga de viaje meteré en la maleta mi traje de burbujitas de envolver.

Antes de probar tan deliciosos manjares el monzón vino a visitarnos. Aroa decidió improvisarse un Aquopolis en plena calle tirándose por una rampa para acabar bajo el chorro de un canalón. Yo empecé a pensar que hacía como que se caía para librarse de cargar la mochila. Al día siguiente pusimos rumbo a las Islas Gili. Éstas se caracterizan por no tener vehículos a motor, lo que nos impedía nuestra vida señorial. Así que tuve que atravesarme la pequeña isla con dos mochilas (¡festival!).

Dos Gilis de Meno

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Figura 5: Con nuestros cocos recién caidos

Después de tantas aventuras y desventuras ahora sí que sí, nos tocaba descansar. Pues nos vamos para las Gili, islas pequeñitas, sin tráfico rodado, que nos proporcionaron la tranquilidad que necesitábamos. El par de días que pasamos allí, básicamente fueron pasear, recoger corales de la playa, comer y completar la lista del elenco de “Buscando a Memo“. Pudimos nadar entre tortugas y tumbarnos en la hamaca con la única prisa de saber dónde comeríamos en las siguientes horas.

De las tres Gili escogimos la de en medio (Gili Meno). Nada más llegar a nuestro alojamiento, unos bungalows muy monos, el “recepcionista” cogió un palo e hizo caer un par de cocos del cocotero de la puerta y nos los preparó bajo nuestra atenta mirada (Figura 5). Esta isla es la más tranquila de las tres y no hay mucho que hacer. Paseamos entre tumbona y tumbona y cogimos un barquito para hacer snorkel. Vimos tortugas, peces de todos los colores, coral azul… todo muy bonito la verdad.

Estas islas, y más Gili Meno, la pequeña de las tres Islas Gili, eran suficiente para dos días. Bueno, ¿y cuál nos toca ahora? ¿Pues vámonos pa Lombok no? Pues venga, pues vale. Pues nada, vuelta al barco y a Lombok que nos vamos. Dicen que es una de las menos turísticas. Y tengo que decir que tiene unas playas impresionantes y unos atardeceres aún más impresionantes.

El atardecer me confunde

Tras  vaguear en las Gili, nos dirigimos a Kuta Lombok (hay una Kuta Bali). Es un pueblo con playa no muy lejos de aeropuerto. Este era ya el último día de nuestra autora invitada antes de partir de nuevo a España. En Kuta pudimos disfrutar de unas playas con unas olas impresionantes (Figura 6) y un atardecer especial.

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Figura 6: Playa de Kuta Lombok

Mercedes puede que censure lo siguiente, pero yo lo tengo que contar. En Lombok disfruté de unos de los atardeceres más bonitos y más inusuales que he visto en mi vida. Allí estábamos las dos, disfrutando de las vistas, cuando Mer me dice que no se encuentra bien de la tripa, que tiene algo de “fatiga”. Ningún baño a la vista, y le digo: “métete para el agua y si tienes que hacer de vientre, pues aquí nadie se va enterar. Estamos solas”. Pues bien, la imagen es la siguiente: El cielo tiñéndose de amarillos y rojos, mientras el sol buscaba su sitio entre las montañas y el horizonte infinito del mar. Desvío la mirada hacia el agua, y allí está Mer, intentando correr con el agua al cuello para evitar que sus propios residuos volviesen a ella. Gracias por este Sunset!!! 😉

Adiós, good bye, au revoir

Después de Lombok a mí ya me tocaba volver y dejar a Mer que prosiguiese su aventura sin una Gafe al Lado para hacerle el viaje un poco más emocionante.

Para todos los amigos y allegados: Mer está bien, le veo feliz, contenta y disfrutando.

Para ti Mer: Gracias por dejarme formar parte de tu aventura y aguantar estoicamente todos los embistes de los Dioses. Ha sido un verdadero placer compartir estos días contigo. ¿Nos vemos en Perú?.

Para todos los lectores: Espero no haberos aburrido demasiado, gracias por vuestra paciencia ortográfica y espero que este aumento de entregas os haya gustado.

En el aeropuerto nos despedimos y continué mi viaje por Indonesia en solitario.

2 Comments:

  1. Me han encantado vuestras aventuras!!me apunto cosillas pa cuando me toque disfrutar d Bali q supongo caerá el próximo año, ya q me pilla solo a 3 horas d avión!
    Gracias

    • Me alegro de que te haya gustado.
      Si tienes pensado ir pregunta lo que quieras. Te daré consejos más allá de evita caer en agujeros y sobre las inconveniencias de hacer de vientre en el mar.
      En la próxima entrada hablaré de Flores, destino que recomiendo muchísimo, así que sigue atenta que Indonesia no ha acabado.

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