Indonesia salvaje. De Flores a Lombok.

Me quedé abandonada en el aeropuerto. Volvía a mi viaje en solitario cuando ya me había acostumbrado a la compañía.  ­Tenía dudas sobre qué parte de Indonesia visitar, pero mis ganas de bucear hicieron que me decantara por continuar hacia el sur. Flores sería mi siguiente destino.

Banda Sonora AQUÍ

A Flores… ¡YA!

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Figura 1: “Señorita, el siguiente para Flores”

En el mismo aeropuerto hice una cosa muy peliculera (Figura 1). Me acerqué a una ventanilla y compré un billete para el próximo avión hacia Labuan Bajo. Aunque tiene un nombre muy de anuncio de Fairy, aquí lo pronuncian /bayo/, lo que le quita toda la gracia. Saqué mi fajo de billetes, no aceptaban tarjeta, y me imprimieron, en ese papel de agujeritos de impresora de infancia, mi billete.

Flores, una isla que fue portuguesa, se caracteriza por estar muy cerquita del parque natural de Komodo. Yo sólo visité Labuan Bajo, pero en la isla se pueden encontrar más cosas impresionantes. Me quedé con las ganas de visitar el Kalimutu, un volcán con tres cráteres, cada uno de un color. Con el tiempo, según el mineral que haya, el color cambia. Ahora puede ser amarillo, verde y azul; y si vuelves unos años más tarde, será rojo.

Bajo el mar (con voz de Sebastián)

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Figura 2. Con Fan en la superficie.

En este pueblo me dediqué a las profundidades. Yo no es que tenga una gran experiencia buceadora, y no tengo mucho con lo que comparar, pero todo lo que vi me alucinó. Yo buceé con Blue Marlin, y estoy muy contenta con todo. En este lugar, donde muchísima gente viene por este motivo, la gran mayoría de los centros de buceo están asociados para tener unos estándares de seguridad y fijar un precio. Así que supongo que la experiencia sería parecida en cualquiera de los centros asociados.

Además, en particular, tuve mucha suerte. El primer día hicimos dos inmersiones en Siaba Besar (una isla dentro del parque natural de Komodo). Allí tuve un monitor para mí sola, todo un lujo. Fan (Figura 2) me enseñó todo tipo de animales grandes y pequeños, y con mucha paciencia me explicaba qué bichos eran. A ese lugar también lo llaman el cielo de las tortugas, me encantan esos bichos, son tan pachorras y emanan tanta paz. Te dan ganas de echarte una siestecita con ellas entre los corales. Y de reojo pude ver mi primer tiburón. El segundo día había un poco de corriente, pero no nos impidió disfrutar del bicherío marino. Fui capaz de encontrar un nudibranquio yo sola, estoy orgullosa de mis capacidades buceadoras. Para el que no lo sepa, es una especie de babosa muy chica y de colorines, hay una variedad infinita de ellas.

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Figura 3. El Peligroso y desafiante Dragón de Komodo.

Crucero sin lujos: de Flores a Lombok

Tras mi aventura submarina emprendí una aventura a ras del agua. Había leído en varios blogs que entre Lombok y Flores hay unos “cruceros” con los que, aunque son cutres, haces muchas actividades y merecen la pena. Varias personas recomendaban Wanua Adventures, y con ellos me apunté para ir de Flores a Lombok.

Es un crucero de cuatro días en los que visitas las islas de Rinka y Komodo, para ver al famosísimo dragón de Komodo (Figura 2). También se hace snorkel en numerosos sitios durante el camino. Se visita la isla de Satonda y unas cataratas. En el albergue en el que me alojaba en Luaban Bajo coincidí con un grupo que venía de hacer el viaje en sentido contrario. Ellos me dieron varios consejos útiles: Llevar algo de comida, prepararse para pasar 4 días lleno de salitre (no hay duchas) y me llamaron suertuda por tener la visita a la catarata el último día, podía usarla para quitarme toda la sal acumulada.

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Figura 4. Posados de sexy-bióloga. Abajo a la derecha, posando con dos de las polacas.

En general la gente que coincidimos en el barco éramos bastante tranquilitos, pero el segundo día nos abordaron desde una barca cuatro polacas. Entraron como un torbellino en el barco, revolucionando el aire de tranquilidad que llevábamos. Fue una gran incorporación. Con ellas pude hacerme una sesión de fotos a la altura del fotomatón japonés (Figura 4) y me enseñaron la versatilidad que puede tener un pareo a la hora de vestirse.

Boquiabierta me hallo

Con esta excursión no paré de maravillarme con el mundo animal de esta zona. No sólo por el mítico dragón. Estuvimos haciendo snorkel con mantas, eso parecía un bazar ¡qué de mantas! (Video 1). Es de las cosas más chulas que he visto nunca. Vimos corales y peces de todas las formas y colores. El viaje coincidió con la super luna. Esa noche, al mismo tiempo que el sol se ponía en un lado, una luna enormísima y roja se levantaba por el otro. Además, nos vinieron a visitar unos delfines, vimos cómo saltaban fuera del agua a la luz de la luna, estaban jugando con el barco. También he podido ver peces voladores. Vamos, que cada día iba con la boca abierta con tanto bicho exótico… es como vivir en un documental. Si algún día voy a Kenia, ya puedo ir desintonizando La 2.

Yo me lo pasé muy bien, además tenía a todo el cuerpo marinero pendiente de mí (Figura 5). Mi nombre les hacía mucha gracia y estaban todo el rato cachondeándose. Yo les seguía el juego y les decía lo poco que sabía de indonesio (lo de “Mariquita Pacharán triunfó) y se descojonaban. Compartieron unos licores de dudosa procedencia conmigo y yo les ayude a levar el ancla.

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Figura 5. Con el cuerpo marinero

En este crucero es todo muy cutre, duermes en unas colchonetas que colocas donde te da la gana, la comida es un poco justa (pero está buena y no llegas a pasar hambre). La “ducha” consistía en un bidón de agua dulce con el que te podías enjuagar al final del día (al menos teníamos esa ducha), y para el último día ya no nos quedaba café. Si no eres de lujos, es más que de sobra. El personal no puede ser más simpático y lo que ves no puede estar mejor.

De vuelta a Bali: ¡que vivan los ferry!

Cuando llegamos a Lombok nos metieron con calzador dentro de una furgoneta y nos fueron repartiendo por diferentes destinos en esa isla. Yo fui junto con dos muchachos alemanes a Makasar, desde allí cogimos el ferry lento de nuevo a Padang bai.

Como ya conocía el rápido que va a las Gili, esta vez cogí el barco barato y lento para volver a Bali. Lo que uno hace en 45 minutos, éste lo hace en cuatro horas y media, pero es mucho más cómodo. La gente que se sube en los autobuses para venderte algo en cada parada no le llega ni a la suela de los zapatos a la de los ferry. Yo destacaría a tres personas:

El primero, un muchacho con la voz de la planta carnivora de “la tienda de los horrores” que iba diciendo “bananas, bananas”. Como se dio cuenta de nuestra predilección por su voz, cada vez que pasaba a nuestro lado se ponía mucho mas efusivo: “Todo el mundo prefiere bananas de Lombok, son más pequeñas, pero mucho mejores” frase que acompañaba con una mirada que no dejaba lugar a dudas.

El segundo, uno que vendía el producto más imprescindible para un viaje: ¡aceite de masaje!. Yo no puedo soportar un viaje en barco sin él. Con éste nos entró la risa floja.

El último, un muchacho que vendía agua. Cada vez que pasaba le decíamos, “mira, es que ya tenemos”. Como no paraban de insistir decidimos poner sobre la mesa toda el agua que llevábamos: ocho litros para tres personas. Le hizo gracia nuestra estrategia, entonces se dedicó a decirnos “a lo mejor no es suficiente, más agua”. Y volvía a los dos minutos, “¿estáis seguros de que no queréis más agua?”. Ya se quedó de palique con nosotros hasta que el barco partió.

Ubud… Meah!

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Figura 6. Pintada-Mandala en el centro de Ubud

Llegamos a Padang bai. Regateé todo lo posible para que alguien me transportara a Ubud. Había decidido esperar allí el día y medio que me quedaba hasta que saliera mi avión hacia mi próximo destino. Creo que elegí bien mi trasporte, fui en un minibús que llegó a coger los 90km/h. Se me había olvidado ya que existían velocidades por encima de los 40km/h, me parecía que estábamos viajando en hiperespacio.

Ubud es supuestamente la capital cultural de Bali, así como un centro internacional de Yoga (Figura 6). Es muy bonito y gusta mucho. A mí no me gustó. Me parece una ciudad falsa, un escaparate. No hay sitios auténticos, es muy difícil encontrar comida callejera, todo son restaurantes de estilo occidental y tiendas bien, con precios bien, aunque los dependientes tendrán sueldos de allí.

Estaba cansada y deseosa de llegar a mi próximo destino, puede que eso también influyera. Sidney me estaba esperando.


El video 1 ha sido realizado por Lea, y publicado con su permiso. Ella sí que tiene una GoPro, yo sigo aceptando donaciones.

4 Comments:

  1. Acaba de haber un terremoto en Flores, revueltas en Seul nada mas irte y lo mismo en yakarta ¿Que estas haciendo?

    • Y recuerda que el monte Aso (mi montaña rota) se ha puesto en erupción, en Fukoka ha salido un socabón y otro terremoto en Tokio… Va a ser hora de moverme de Sidney antes de que me pille la catastrofe

  2. En Flores, ¿había gente muy bajita?

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