Lujo asiático con una gafe.

Indonesia nos estaba encantando, pero nuestros cuerpos se estaban resintiendo. A voces nos pedían un merecido descanso. En casa de Norma pudimos descansar por todo lo alto.

Seguimos con el formato de dos autoras: en negro leeréis a la habitual, en azul a la invitada. Banda sonora AQUÍ.

Lujo lujoso gracias a la caridad infinita

En la misma estación de autobuses de Banyuangi me reencontré con Norma. Estaba exactamente igual que cuando la conocí en Laos. Como bienvenida nos invitó a un zumito (que nos tomamos por cortesía porque nuestros estómagos continuaban en huelga) y fuimos a su casa. Allí nos proporcionó a cada una una habitación con su cuarto de baño.

Norma nos recibió, después de un duro y karaokiano viaje en el bus de los hermanos Marx, con unos zumos de frutas que sólo encuentras en Indonesia. ¡Qué cosa más rica! Nos acogió cuales perrillos perdidos y nos colmó de atenciones. Entré las que yo destacaría cuatro.

Pasamos tres días en su casa, en los que nos tuvo en palmitas totalmente. Nos enseñó las maravillas de su región como Red Island, una playa maravillosa en la que no había nadie. No es una forma de hablar, yo era la única persona bañándome (la costilla de Aroa no hizo buenas migas con las olas). Vimos unas plantaciones de cacao y caucho.

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Si acercais mucho la imagen, yo estoy al fondo.

1 – Nos llevó a una playa de ensueño, pasando por campos de cacao, caucho y clavo, donde yo no pude disfrutar del baño porque mi costilla no me lo permitía. Pero sí de enseñarles a los lugareños como nos liamos los cigarros en Ejpaña.

2 – Recoger con mis propias manos el que ha sido uno de mis vicios en este país, EL DRAGON FRUIT. El dueño de una plantación, amigo de Norma, nos dio una podadora para recogerlos mientras yo pensaba: “Aroa no la cagues y no vayas a cortar donde no es”. Por cierto, comí tantos que conseguí que mis líquidos biológicos se tiñeran del mismo color que esta fruta, rosa.

Dadme una saco porfavor.

Dadme una saco porfavor.

3 – Masaje exfoliante de más de una hora. Norma llamó a su masajista particular para que viniese a su casa y nos quitase de encima unos tres kilos de piel que nos sobraba, recorriendo cada rincón de nuestro cuerpo. Cuando digo cada rincón, me refiero a todos los recovecos que ni te puedes imaginar que tienes en tu cuerpo.

4 – Poder disfrutar de una mañana de charla tranquila con toda la gente del barrio, gracias a que Norma nos hacía de traductora. Algo tan sencillo como estar sentadas en el porche de una casa, la gente venía, se sentaba y empezábamos a charlar. Uno de los temas más polémicos era mi nombre. Les hacía mucha gracia y no paraban de repetirlo. Para todos aquellos que no tengáis la suerte de conocer los millones de dialectos que se hablan de Indonesia, os tengo que informar que mi nombre, en uno de esos dialectos significa: “¡¡¡está ahí!!!”, frase que toda madre española dice unas 500 veces al día. Ahora empiezo a entender de dónde viene mi nombre. Gracias mamá, ya no perderé nada más.

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Últimos recuerdos de mi piel

Luego nos proporcionó una de las mejores experiencias que hemos tenido en Indonesia. Nos llamó a su masajista de cabecera para que nos diera un masaje exfoliante.  Más de una hora estuvo la muchacha quitándome toda la piel sobrante después de 3 meses de viaje, un arduo trabajo. Te exfolia hasta debajo de las uñas y todo por 5€ (75.000 IDR), placer de dioses.

También nos dió una vuelta por todas sus propiedades (que no están nada mal). La mejor, su casa cerca del volcán de Ijen, vaya vistas que tiene desde su cuarto.

En su afán por mimarnos y protegernos, nos llevó a comer pescado a la playa a un sitio maravilloso con vistas a Bali. Además, nos buscó un conductor/guía para visitar el volcán de Ijen (por un precio muy competitivo).

Maravillas de la naturaleza: Volcán de Ijen

Ijen. Sin palabras.

Ijen. Sin palabras.

La última noche que pasamos en Banyuwangi sería subiendo al volcán Ijen para apreciar el “Blue Fire”. Una maravilla de la naturaleza, que sólo se puede ver a horas intempestivas.

Nuestra anfitriona nos preparó todo lo necesario para la excursión: plátanos cocidos, café, ropa de abrigo, su coche, y hasta un conductor/guía. Un chaval muy majete y honrado. Esto último lo digo porque intentamos hacer la subida sin pasar por taquilla y no hubo forma de convencerlo. Yo creo que se arrepintió cuando a mitad de subida le faltaba el aire y las guiris tan panchas, estábamos dejando su ego masculino por los suelos. Y estaréis pensando qué nos estaban preparando los dioses en este volcán, pues bien, exceptuando un par de resbalones, y que dejamos a nuestro guía sin aliento, NO PASÓ NADA. Creo que nos reconciliamos con los dioses por un rato o que Norma habló con ellos para que nos dejaran en paz.

Muchas gracias por todo Norma o, mejor dicho, Terima Kashi.

Preparadas para el crater

Preparadas para el cráter

Ijen es uno de los sitios más alucinantes en los que he estado en mi vida. Es un volcán activo y en el cráter hay unas minas de azufre. Durante la noche se puede ver una reacción química que da lugar a unas llamaradas azules, es el espectacular fuego azul. Para poder admirar esta maravilla hay que ascender al volcán de noche, una vez se llega a la cumbre, hay que adentrarse en el cráter. Recomiendo muy positivamente usar en este punto máscaras de gas, en cualquier momento el viento puede cambiar de dirección haciendo que te envuelva una nube de azufre (nada agradable). En el cráter es donde se puede admirar el fuego azul.

Luego se vuelve a la cumbre y se ve amanecer. Con la luz del sol las llamas desaparecen, pero descubres un cráter totalmente amarillo, precioso.

El descenso fue un festival, nuestra magullada artista invitada casi se nos despeña, pero nada grave finalmente.

Despedida y nuevo destino

Nuestro conductor/guía nos llevó de nuevo a casa de Norma donde ella nos esperaba con un desayuno que nos supo a gloria, Pece Nasi (arroz con verduritas, pollo y una salsa de cacahuetes). Tras el desayuno nos llevó a coger el ferry hacia nuestro próximo destino, Bali.

Para chuparse los dedos

Para chuparse los dedos

Después del volcán, Norma nos recibió en su casa con un desayuno increíble, para luego llevarnos al barco hacia nuestro próximo destino: Bali. El camino hacía el ferry se puso interesante cuando nuestra anfitriona decidió detener el coche y gritar a un chico europeo con mochila al hombro para que se subiese. Imaginaos la cara del pobre, cuando en un país que no conoces, en medio de una carretera, con un calor de la hostia, una tía para el coche y empieza a gritarte para que te subas. Y cuando lo rechazas, sacan por la ventanilla la cabeza dos tías aún más locas, que se unen a los berridos. Pues el chico no pudo declinar la segunda oferta, y con cara de acojonado se subió al coche, eso sí, en cuanto llegamos al puerto y se abrió la puerta, salió huyendo cual alma que lleva el diablo.

Bali es, sin duda, la más turística de las islas de Indonesia. Por lo visto el  sur está lleno de resorts de estos en los que te da lo mismo estar en Indonesia, en la Riviera Maya o en Benidorm. Por ello, nosotras decidimos dirigirnos hacia el norte, a Singaraja.

Todo el mundo conoce la isla de Bali, por esa misma razón decidimos pasar de la zona turística e irnos para Singaraja, en el norte. Creo que es la única ciudad islámica de una isla con un 90% de hinduistas. Aquí pudimos disfrutar de otras maravillas de la naturaleza, unos delfines a los lejos, unas cascadas impresionantes, y jugarnos solo un poco la vida viajando en moto.

La llegada a Singaraja fue un pelín complicada, después de que nos timasen en un bus público, tardamos sólo cuatro horas en recorrer 80 km. La velocidad punta del bus era tal, que si te apetecía, podías bajarte a tomarte un café y volver a subir al bus sin despeinarte.

To be continued

PD: para conocer todas nuestras aventuras motorizadas tendréis que esperar un poquito.

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