Hati-hati. Java con una gafe (II).

En capítulos anteriores de Pie Traspié os relatamos nuestra afortunada llegada a Yakarta, nuestra huida de tan insulso lugar, y dejamos a nuestra artista invitada magullada dentro de un agujero de aguas pestilentes. Conseguimos salir de ese aprieto gracias a un transeúnte anónimo. Creo que le alegramos el día, un señor con altas deficiencias para andar y con un brazo medio inservible rescató a dos pobres guiris. Gracias infinitas, tenemos una gran deuda con nuestro karma.

Seguimos con este nuevo formato de dos autoras. Os recuerdo que lo que veáis escrito en negro es obra de la autora habitual y en azul de nuestra magullada autora invitada. Banda sonora AQUÍ.

Pa haberse matao“.

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Figura 1. raspón con Betadine

Menos mal que Aroa ha sido voluntaria del SAMUR y supo evaluar bien los daños y curarse, mientras yo vigilaba que no le diera un desmayo. Afortunadamente, no fue nada grave, un raspón tremendo (Figura 1) y suponemos que una fisura en la costilla. De esa fisura me acordé todo el viaje y no con cariño. A partir de ese día tuve que cargar con dos mochilas (menos mal que soy deportista de élite). Lo que llevé peor no fue el peso, sino las miradas de “esta tía es tonta” con la que me miraba la gente mientras yo iba sudando la gota gorda y Aroa iba tan feliz a mi lado. Intenté por todos los medios que ella pusiera cara de dolor infinito cuando yo porteaba su equipaje, pero nada…

Pasado el momento de curas y chequeo del cuerpo, para mí ese día había acabado. Sólo quería dormir y ver cómo me encontraba al día siguiente. Me levanté mucho mejor de lo que esperaba después de mi pequeña aventura de espeleología. Y gastamos el día conociendo la ciudad, el mercado y la vida local de Yogui Yakarta.

Ramanaya. Espectáculo sin igual

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Figura 2. Protagonistas de la obra

En Yogui Jakarta además de templos, el mercado y varias escuelas de oficios, es muy típico ir a un espectáculo de danza de Java. Nos lo habían recomendado (gracias por tus consejos Brenda) y en general parecía que tenía buena pinta. Yo no hubiera ido sola, es un poco caro (200.000-300.000 IDR por persona) y yo soy una cutre, pero mi acompañante me insitió y cedí porque parecía interesante.

Mucha gente nos había recomendado ver un espectáculo de Danza en Yogyakarta, Ramayana Ballet, que se hace en el templo de Prambanan. Habíamos preguntado por ello en la oficina de turismo y en el propio templo, y a expensas de encontrar un precio mejor decidimos retrasar la compra de las entradas hasta el último momento. Todo decididas, fuimos a comprar las entradas para esa misma noche a la oficina de Turismo y, cuál fue nuestra sorpresa, que ya no quedaban. En el templo nos habían dicho que las podríamos comprar el mismo día, pero para llegar allí nos suponía poco más de una hora y no teníamos la certeza de que pudiésemos entrar, así que en la misma oficina nos ofrecieron entradas para el “mismo” espectáculo pero con la ventaja de que era al lado de nuestro hostal. “Qué suerte tenemos” pensé.

Hay momentos en la vida en los que no sabes bien si reír o llorar. Claramente, la mejor opción es siempre reír. Menos mal que nos dio un ataque de risa viendo semejante espectáculo. El que me conozca sabe que la coordinación no es mi fuerte y no tengo muchas dotes musicales (ni para el cante ni para el baile). Pongo la mano en el fuego a que yo tengo mas coordinación que todo el cuerpo de baile que nos deleitó esa noche.


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Figura 3. Aroa disimulando sus ganas de pegar a los actores reclamando su dinero.

Los dioses seguían vengándose. Al empezar el espectáculo percibimos que la coordinación entre la música y los actores era más bien escasa,-a lo mejor es que es así pensé-, pero poco me duró ese pensamiento (Figura 2). Salieron unos personajes disfrazados de monos que se miraban entre ellos para ver cuál era el siguiente paso que se iban a inventar. Como no podía ser de  otra manera, después de haber soltado un pastizal por aquel espectáculo de colegio de primaria (con todo el respeto para las funciones de colegio, que estoy segura de que ensayan muchas más veces) empezamos a reírnos a carcajada limpia. Yo hasta tuve algo de miedo por los actores cuando utilizaron fuego, con lo coordinados que van aquí sale ardiendo alguno…. Al acabar la pseudofunción pudimos hacernos fotos con los actores (Figura 3). Yo hubiese preferido con los monos de los cuales nos hicimos fans, pero salieron corriendo con mucha más agilidad de la que habían presentado en las dos horas de función.

Un grupo de bailarines, con unos trajes impresionantes (Figura 3), todo hay que decirlo, representó una danza tradicional. Cuando bailaban de uno en uno siempre te queda el beneficio del desconocimiento. Pero cada vez que salían más de dos y requerían cierta coordianción entre ellos, eso era un desastre. Ni en mis peores clases de aerobic he llegado a ese extremo. Hasta pasé miedo por ellos en las escenas en las que involucraban fuego. Todavía no entiendo cómo no ha ocurrido un accidente.

Por primera vez me sentía super guiri y estafada, pero bueno, el rato de risas con los monos no me lo quita nadie.

Los volcanes no me quieren. Bromo

Dejamos atrás Yogui Jakarta esperando dejar allí nuestra (su) mala suerte… Ilusas.

Si algo hay en Indonesia son volcanes. Hay un gran repertorio para elegir, trekkings de los mas variados, de un día, de dos, de tres, de diferentes colores, rojos, verdes, amarillos… es lo que tiene estar en el cinturón de fuego del Pacífico. nosotras elegimos como primer volcán para coronar, Bromo. Unas muchachas que conocí en Kuala Lumpur me lo habían recomendado. Pasamos un día entero metidas en un mini-bus para llegar allí.

Como ya me encontraba “mejor”, aunque no podía cargar con mi mochila, cosa que tuvo que hacer Mer hasta el final de nuestro viaje, nos fuimos a visitar el Volcán de Bromo, volcán activo de la isla de Java. Viajamos todo el día y llegamos allí de noche con un poco de mal de cuerpo las dos, no sabíamos si esto era debido a la altitud o a que estábamos cansadas. Así que nos fuimos a dormir con la esperanza de tener un sueño reparador que nos diese todas las energías necesarias para afrontar la subida al volcán al día siguiente.

Pasamos la noche previa a la coronación en un hostal bastante cutre con serios problemas gástricos. Desconocíamos a qué altitud estábamos, así que en un principio achacamos a la diferencia de presiones la expansión de gases que estábamos sufriendo. Vaya noche más mala, creo que desde entonces soy más rubia. Pero ese estado lamentable no nos frenó, como unas campeonas, a las 4 de la mañana nos dirigimos a coronar lo que sería mi segundo volcán.

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Figura 4. Cráter de Bromo.

Toque de campana temprano y nos dirigimos al volcán, intentando escapar de los controles para pagar por andar, cogimos un sendero que nos llevó directas a la falda del volcán sin pasar por taquilla. El problema fue que aun seguíamos las dos con un poco de mal cuerpo, pero decidimos tirar “pa’lante” como los de Alicante y no perdernos esa maravilla de la naturaleza.

A mitad de camino mi estado de intoxicación era ya demasiado avanzado (alguien nos había envenenado) y mi cuerpo decidió expulsar todo el veneno. Así que me puse a vomitar como si de la niña del exorcista se tratase en la falda del volcán. Aquí, como no están tan preparados como en el monte Fuji, tuve que tapar mi pota con ceniza para no desalentar al resto de caminantes. Intenté continuar pero no pude. En este caso el volcán pudo conmigo y me quedé sentadita mientras le decía a Aroa que me dejase atrás.

Casi llegando a las faldas del volcán el cuerpo de Mer se rebeló  y soltó por su boca todo el contenido de su estómago. Es ya tradición de ella dejar un pedazo suyo en cada volcán que visita, acordaos de Japón. Cuando comprobé que se encontraba mejor, decidimos que lo mejor era que ella esperase y yo con mi cabezonería característica, mi mal cuerpo y mi costilla quejándose, decidí que tenía que llegar al cráter. Lo conseguí, a paso de jubilada de IMSERSO de 80 años, pude apreciar tal maravilla de la naturaleza (Figura 4).

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Figura 5. Mi pota no está ahí porque Bromo es el de al lado, la mañana nos confunde.

Próxima parada… Lujo

En vista de todas nuestras desventuras, bien nos hacia falta un poco de descanso. Ese descanso fue por todo lo alto.

En mi periplo por Laos conocí a una pareja encantadora de señores. Un matrimonio de una indonesia con un austriaco. A ella, que sabía que Indonesia estaba entre mis planes de viaje, le faltó tiempo para ofrecerme su casa y su hospitalidad. Así que hacia Banywangi que nos dirigimos para visitar a mi amiga Norma.

Ya habíamos visto el volcán, así que ahora tocaba vuelta al hostal y coger el transporte para llegar a casa de Norma. Una gran mujer, amiga de Mer, que nos ofrecía cobijo en su casa en el este de Isla de Java, Banyuwangi. (Intentad decir el nombre del pueblo con un polvorón el boca).

¿Conocéis la escena del camarote de los hermanos Marx? Pues esa es la definición perfecta para describir el bus que nos llevó a nuestro nuevo destino. No paraban de subir vendedores de toda clase de cosas, alimentos, utensilios y dos huevos duros, gente que cantaba, más vendedores, ¡y dos huevos duros!, no sé por qué puerta salían, ¡y dos huevos duros!

To be continued

PD: me estoy aficionando a esto de dejaros con la intriga. El próximo lunes sabréis lo que es un lujo asiático.


La foto de la imagen destacada de esta entrada (es decir, la que representa este post) está sacada de AQUÍ. Nuestro estado lamentable nos impidió ir al lugar de las vistas.

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