Hati-hati. Java con una gafe (I).

A todos los que les haya tenido que hacer un contrato el CSIC, y supongo que muchos otros organismos públicos, sabrán que en más ocasiones de las debidas, los contratos, por temas burocráticos, acaban saliendo más tarde de lo esperado. En genera,l esa situación es una mierda y vas por las esquinas maldiciendo. Pero por una vez me he alegrado de que esto suceda. Gracias a esa lenta burocracia, he tenido mi primera visita. Durante dos semanas he viajado con compañía por Indonesia.

Hemos pensado hacer las próximas entradas colaborativas, así tendréis dos puntos de vista de nuestras vivencias, como si de un capítulo de “The Affaire” se tratase. Lo que veáis escrito en negro es obra de la autora habitual y en azul, de nuestra artista invitada (Banda sonora AQUÍ).

Llegada apoteósica a Yakarta

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Figura 1: Monumento Nacional de Yakarta

En el aeropuerto de Yakarta me encontré con Aroa. Su vuelo llegaba bastante tarde así que mientras la esperaba me dediqué a regatear para conseguir un taxi lo más barato posible.

Después de tropecientas horas metida en varios aviones, por fin llegaba a Yakarta. A pesar del cansancio, el cambio horario y la locura de preparar un viaje así en menos de una semana, llegaba ilusionada a un continente que nunca antes había pisado, con ganas de encontrarme con Mer después de un trimestre sin verla. ¿Estaría igual?, ¿se acordaría de mí?, ¿podríamos convivir 15 días codo con codo sin tirarnos los trastos a la cabeza?

Me bajé del avión y la bofetada de humedad y calor me dio en toda la cara (que alguien abra las ventanas para que corra un poco de aire, por favor). Según salí del aeropuerto allí estaba Mer: morena, pelo tan largo que hasta Rapunzel le tendría envidia, y un cartel con algo escrito, que no vi porque llevaba las gafas demasiado sucias. Todo empezaba con buen pie, ella ya había gestionado y negociado el taxi hasta nuestro hospedaje y yo sólo tuve que seguirla cual perrillo perdido.

Cuando llegamos al hotel me di cuenta de que mi acompañante está gafada. Por primera vez después de reservar con booking.com más de 20 hostales, me hicieron overbooking en un hostal. Tras pelearme por teléfono con una red malvada que maneja todos los alojamientos baratos de Yakarta, RedDorz, no conseguí nada. Nos dieron un alojamiento en otro sitio al mismo precio que el reservado y se chotearon de nosotras hasta que ya rendidas por el cansancio nos pagamos nosotras mismas el taxi de un hostal a otro.

Llegamos al hostal y allí recibimos la primera en la frente, ¡¡¡OVERBOOKING!!!.  “Ostras sí que empezamos bien – pensé- y yo todavía no me he fumado un cigarro y son las 12 de la noche”.

Pude ver por primera vez a Mer enfadada. No os vayáis a creer que entró en cólera y se le puso el pelo rojo. Sino que, como no podría faltar, tenía una sonrisa en su cara y golpeaba la mesa de recepción, no sé si con rabia o intentando espantar moscas, aún lo estoy dudando…

Gracias a sus gestiones consiguió que nos diesen otro alojamiento no muy lejos de donde estábamos, donde podríamos descansar y ya cuando se hiciese de día decidiríamos como continuar el viaje.

Yakarta no tiene mucho interesante (Figura 1) así que nos dimos a la vida pija tomando café en una cafetería de estilo colonial en el centro de la ciudad parece que estuvieses en un café de peli de los 70. ¡¡Increíble!!. Es la primera vez en mi vida que antes de pedir un café me traen siete botes con diferentes granos para que los huela y elija.

Yogui Jakarta, ciudad de templos

En vista del poco interés de esta ciudad, huimos en un tren muy entretenido (Figura 2) hacia un lugar más interesante, Yogjakarta, rebautizada Yogui Jakarta. Ahí el estado gafe de mi acompañante tomó dimensiones estratosféricas.

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Figura 2: Actividades típicas del tren, ponerse rulos

Yogui Jakarta (debes leerlo con voz de oso Yogui por supuesto) es agradable y bonita. Tiene un mercado en el que practicar tus dotes de regateo y donde puede que encuentres los mejores precios de Indonesia, hasta cuenta con una parte de venta al por mayor (ideal para regalos extras y cosas así). Cerca de la ciudad encontramos dos templos bastantes impresionantes. Bodobudur y Pranbarán. Nosotras, en un acto maratoniano, decidimos visitar los dos el mismo día (advierto a posibles visitantes que las entradas son bastante caras, nosotras pagamos por los dos monumentos más de 400.000 IDR cada una).

Yakarta no parecía que nos ofreciese mucho más, así que cogimos un tren que sólo tardó ocho horas en recorrer 400 km para llegar a la antigua capital de Indonesia, Yogui Jakarta (Figura 2). Allí podríamos visitar los templos de Prambanan y Borobudur (nada comparado con los templos de Ankor, como he oído unas cuantas veces, ejem).

Nos dirigimos a los templos, me sentí como una concursante de Pekín Express buscando la manera de llegar. Estaba cumpliendo parte de un sueño: correr por una ciudad que no conocía, buscando algo que no sabía dónde estaba, para poder llegar a un lugar que era la primera vez que llegaba a mis oídos. La visita a los templos merece mucho la pena, aunque tengo que hacer una advertencia: NO HAY QUE ENFADAR A LOS DIOSES (Figura 3).

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Figura 3: Molestando a los dioses en Pranbarán

Bodobudur está bastante lejos de la ciudad, pero con un par de autobuses puedes llegar fácilmente. Nosotras nos equivocamos a la hora de coger el autobús urbano (que están estupendos) y cogimos otro autobús que hay más cutre (como si fueran ilegales) que además no llevaba a la estación de autobuses, así que tuvimos que coger otro “ilegal” … un lío, vamos. En la estación de autobuses hay que coger otro para llegar a Bodobudur. Nos pidieron un precio, que regateamos y luego vimos con cara de tontas como los autóctonos pagan una décima parte de lo que tú pagas (pero bueno, es algo que no me tomo a mal).

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Figura 4: Aroa Bieber firmando autógrafos en Bodobudur

En Bodobudur, además de admirar un templo con forma de mandala que representa los diferentes estados hasta el nirvana, pudimos sentir en nuestras carnes lo que siente Justin Bieber. Allí, varias excursiones de colegio nos pidieron firmarles los cuadernos y hacerse fotos con nosotras como si de estrellas de cine se tratase (Figura 4).

Pranbarán, mucho más cerca de la ciudad y accesible con transporte público, me gustó mucho más. Aunque ambos son impresionantes, tiene un aire más parecido a los templos de Ankor (salvando las diferencias) y los clubes de fans nos dejaron más tranquilas.

La noche me confunde

Se nos hizo de noche volviendo de Pranbarán. Volvimos andando por aceras muy del sudeste asiático. Mientras yo pensaba “la verdad es que la acera esta es un peligro”, Aroa que andaba dos pasos delante de mí, desapareció. La tierra se la había tragado (sin tener que pasar vergüenza ni nada). Había pisado en un lugar sin acera y se precipitó por un canal de agua putrefacta de unos dos metros de profundidad. Mi mente se puso a trabajar buscando en el repertorio de hechos truculentos, que en mi familia tenemos muy desarrollado. Lo primero que se me vino a la cabeza fue “¡Sa matao!”, cuando vi que se movía, “¡Se ha roto algo! ¡El seguro!” (menos mal que había sido muy insistente en que se hiciera un seguro). Salté al hoyo a evaluar daños.

Todo parecía estar bien, Aroa podía mover más o menos fácilmente todos sus miembros, pude encontrar las gafas y estaban enteras (que calidad de gafas la verdad). Le dolía un costado y el brazo estaba totalmente raspado. Ahora solo teníamos que salir de ese agujero.

(To be continued…)

PD: no seré tan malvada y el desenlace será el próximo jueves.

Después de todo el día de turisteo llegamos a la ciudad de noche. Los dioses decidieron vengarse de mi atrevimiento en su casa (Figura 3):  ciudad oscura y escasas aceras hicieron que no viese un hoyo de dos metros en cuyo fondo circulaban aguas residuales en el cual decidí meterme en contra de mi voluntad. Tuve la buena suerte de que sólo sufrí arañazos en mi brazo y un pequeño dolor en una costilla debido a mi cabezonería por intentar por todos los medios posibles no tocar con ninguna parte de mi cuerpo ese fondo de aguas residuales. No lo conseguí, pero pude salir medio sana y salva gracias a Mer, y a otro peatón local, manco, cojo y sin dientes, que en ese momento pasaba por allí. ¡¡Gracias, Amigo, por ayudarnos!!

PD2: Gracias por chafarme mi momento de suspense.

 

4 Comments:

  1. Me encantan lo reposacabezas del tren. Son como los de los autobuses de mi infancia, que tambien tenian una foto turistica por la parte de atras. Pero las nuestras eran en blanco y azul, porque aunque en su tiempo fueron en color, con el paso del tiempo se quedaron asi, como le pasa a lo carteles electorales viejos. Las volvi a ver en Creta muchos años despues, en un bus que iba de Heraclion a Hania, y me hizo mucha ilusion, Fue como volver a la adolescencia, porque el autobus y el paisaje eran como el alicante de aquellos tiempos

  2. Informático en las sombras

    Y Aora cumplió (sin contar conmigo) nuestro sueño compartido de vivir a lo Pekin Express 🙁
    Aunque visto lo visto, ha sido mejor que no nos eligieran para el casting porque viendo lo gafe que es habríamos muerto antes de llegar a la final 😛

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