Hobart artística y la vuelta del cargador.

Desde que llegué a Australia había oído hablar muy bien de Hobart, la capital tasmana. No quería pasar por esta isla sin detenerme los días necesarios para comprobar si la fama era merecida. Aunque mis expectativas eran altas, he de decir que no me decepcionó.

David Walsh, embajador de Tasmania

Hobart

Figura 1. A ver quien se atreve a aparcar aquí.

Así de primeras nadie relacionaría Tasmania con el arte. Eso ha cambiado gracias a David Walsh. Todo lo que he oído hablar de Hobart, lo he oído hablar de este hombre, y es que su historia lo merece. Un señor del que me he ido construyendo una idea a modo Frankenstein según los trozos que me han ido dando mis diferentes interlocutores.

Matemático de estudio y apostador profesional. Hizo muchísimo dinero en las apuestas de caballos. El dinero, entre otras cosas, lo invirtió en arte. En un lugar privilegiado a las afueras de Hobart entre viñedos y la desembocadura del Derwent, ha construido un museo, el MONA (Museum of Old and New Art, Figura 1). Actualmente, mucha gente va a Tasmania sólo por visitar este museo. Además, también financia otro tipo de eventos como un festival de heavy metal en invierno. Cosa que tiene que ser curiosa de ver, porque esta isla es muy fría.

MONA: un museo diferente

Según me contó un señor en Richmont, este museo se basa en las dos fuerzas que mueven la vida: CREACIÓN, que aquí se representa como SEXO (Figura 2); y DESTRUCCIÓN, representada como MUERTE. Aunque el museo también tiene cosas antiguas (como alguna momia, por ejemplo), por cómo está expuesto todo, es muy moderno. Han decidido prescindir de los cartelitos al lado de las obras.

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Figura 2. Cunts, el nombre lo dice todo. 40 moldes de coños de todas las razas y edades. El artista dice que hay que bajar más al pilón

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Figura 3. Mi cerebro intentando entender el iPhone.

A la entrada te dan un iPhone que tiene un programa instalado y localiza dónde estás y te va diciendo la información sobre las obras. También puedes leer la opinión de los expertos sobre la obra o escuchar entrevistas con los artistas. La visita que vas haciendo se va grabando. Al final, te mandan un e-mail con lo que has visto en el museo y leído y escuchado en el iPhone. A mí el e-mail no me ha llegado, pero he de decir que no llegué a comprender 100% el funcionamiento del programa (Figura 3). La pega que yo le pondría a este sistema es que ya que es todo tan informático, podrían tenerlo en varios idiomas, pero se ve que el inglés es suficiente para ellos.

Yo fui en lunes, cierra los martes. Lo mejor es ir un domingo que hay muchas más actividades y alguna performance por fuera del museo. En general, el museo me gustó bastante. Como en todos los museos había cosas que yo no entendía, o no les veía la gracia, pero había otras muchas que sí que me gustaron. Me recordó en muchas ocasiones a las veces que he visitado la BIACS (Bienal de Arte Contemporáneo de Sevilla, Figura 4), pero no ha conseguido desbancar a la Tate Modern de mi ranking de museos modernos.

Más allá del arte moderno

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Figura 4. Alfombra derritiéndose.

Antes de la existencia de este museo, el mayor atractivo de Hobart era el mercado de Salamanca. Que para mi decepción, no es una feria de chorizos como yo me esperaba. La plaza de Salamanca, centro de la ciudad, se llama así en honor a la labor del duque de Wellington en la batalla de Arapiles. La verdad es que el centro de Hobart es bonito, con mucha construcción en piedra. Hay que tener en cuenta que es el segundo asentamiento en este país, tras Sidney. No sé si es por influencia del museo o si eso era así de antes, pero hay muchísimas galerías por todo el centro y se respira un aire artístico.

En estas galerías podemos encontrar muchas cosas de arte aborigen. Al final sucumbí y me he comprado unos pendientes hechos con púas de Equidna, que hace una artista aborigen allí en Tasmania. Lo bonito de verdad era un collar, pero muy fuera de presupuesto.

Esta ciudad, además, es base para las expediciones a la Antártida. Al lado del puerto encontramos el IMAS (Instituto para estudios Marinos y Antárticos), tiene una parte abierta al público y puedes conocer algo más de cerca el continente polar.

Por lo visto, también merece una visita el monte Wellington. Con sus 1200m de altitud ofrece muy buenas vistas. Yo ya me había gastado todas mis energías dando vueltas en bici y no subí. Para alguien que esté más descansadito, seguro que es toda una experiencia.

Historia de un cargador

Si os acordáis, allá por navidades descubrí que en algún lugar entre Adelaida y Sidney había perdido mi cargador. Tras buscarlo por todas las tiendas de informática de la capital australiana, comprendí que es un modelo muy raro y me dirigí a la casa Asus. Cerrada por Navidad. Continué mi camino y en Brisbane la encontré abierta, pedí un cargador nuevo.

Desde ese momento, no os he vuelto a contar qué había pasado con mi cargador. Esta historia merece una entrada para ella sola. A los tres días de dejar Brisbane, me dijeron que había llegado el cargador pero que no era ese modelo y lo tenían que pedir de nuevo. El día antes de embarcarme para la Gran Barrera de Coral, llegó el bueno.

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Figura 5. Mucho arte, pero esta es la imagen más bonita: mi ordenador cargándose.

Rellené un formulario para que me lo cobraran y me lo enviaran a Cairns. Hubo un problema con la tarjeta y no funcionaba. Probé con dos tarjetas más, pero ninguna valía. Al final recurrí a la opción infalible, tarjeta de madre. Por supuesto, ésta funcionó.

Al segundo día de estar en Hobart, en mi móvil apareció un e-mail. Casi se me saltan las lágrimas. La Post me informaba de que ese día recibiría mi paquete. 42 días después de descubrir la pérdida y tras un desembolso por parte de mi madre de 72 $ (porque el precio fue cambiando), volvía a tener el cargador en mis manos (Figura 5).

Ya nada me retenía en Hobart, había recuperado lo perdido. Incluido algún kilo, no entiendo cómo, después de tanta bici. Un nuevo país y, aún yo no lo sabía, un nuevo continente, me estaban esperando. El mismo día que se cumplían seis meses desde que comenzó este viaje, dejé Australia para dirigirme a Nueva Zelanda.

2 Comments:

  1. No hay nada como tener buenos peones de brega, siempre al quite

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