Otra guiri más. El Japón más conocido

Por ahora os he estado contando mis aventuras por Japón y todos los sitios a los que he ido no eran los sitios más típicos. Es lo que ocurre cuando llegas a Okinawa y no a la isla principal. Pero no os creáis, que también he estado de guiri por aquí.

Music ON (HERE)

Por mis bombas me conoceréis: Hiroshima.

img_20160818_162857491_hdr

Figura 1: Bomb Dome

El primer sitio en el que estuve de la isla principal fue Hiroshima. En esta ciudad fue llegar y besar el santo, pues nada más salir de la estación un muchacho me preguntó si necesitaba ayuda (iba yo con mi mapa un poco perdida). Me acompañó al albergue, me invitó a comer y fuimos juntos a ver el Boom Dome (que es donde cayó la bomba de Hiroshima, Figura 1). Ir con un japonés a este sitio le da un plus, este muchacho (Kaito se llama), natural de Osaka, había ido a Hiroshima sólo para visitar ese lugar y enterarse bien de la historia de su país. Me gustó este sitio, pero creo que si tengo que elegir me quedaria con el memorial park de Nagasaki. En Hiroshima es mucho más fácil enterarse bien de la historia eso sí. Un superviviente de tipo 3 se encarga de ello. Tiene cuadernos con varias historias sobre el ataque nuclear y la vida posterior en muchos idiomas. Ahí es donde me enteré de los tipos de suepervivientes (el tipo 3 es que su madre estaba embaraza de él cuando recibió irradiación) y de la historia de Sadako Sasaki, que algún día os contaré.

En esta ciudad me llamó mucho la atención la de gente caucásica que había, es más, en el albergue casi todo el mundo era europeo. En mis vueltas por Okinawa, Shikoku o Kyushu casi todos eran turistas de Japón o de China y Taiwán (ellos son capaces de diferenciarse entre sí, habilidad de la que yo carezco todavía).

Más allá de Hiroshima.

Hiroshima en sí no tiene mucho que ver, suele pasar cuando has sufrido un ataque nuclear, pero cerca hay lugares muy interesantes y recomedables.

img_20160819_123851304

Figura 2:  Sandan-Kio

El primero es Sandan-kio. Se trata de un cañón junto a un río en el que se pueden hacer diferentes rutas (Figura 2). Todo es muy verde y boscoso, cosa que agradecí puesto que de no ser así hubiera muerto achicharrada. Al final de la ruta me di un baño estupendo en el río. Estas son las ventajas de no entender el japonés porque no me quedó muy claro si estaba prohibido bañarse o no, nadie lo estaba haciendo, pero es que en Japón no se baña nadie, ni en la playa. Por ahora no me ha salido ningún tercer ojo ni me picó ningún bicho.

En este lugar he de mencionar mi suerte absoluta gracias a la bondad extrema de los naturales de este país. Iba yo muy contenta después de mi baño cuando me crucé con un chico con el que había venido en el bus. Él muy apurado me dijo “¿Has perdido tu cartera? Creo que la he encontrado”. Yo empanada como pocas no me había percatado de semejante situación. En la cartera llevaba el DNI, una tarjeta de crédito (tengo otra en otra cartera) y 10.000 ¥ (que equivalen a 80 y pico €). Cuando comprobé su ausencia le dije “¡Anda! Pues si” y me dice que se la había dado a un peatón (¡a un peatón!, en España eso es pérdida asegurada) para que la dejara en alguna tienda del pueblo, que fuese allí y preguntase. Así que yo corrí hacia el pueblo (tardé menos de la mitad de tiempo que a la ida) pensando cómo gestionar mi vida sin DNI y con una tarjeta menos. Cuando llegué a la primera tienda que vi, pregunté por mi cartera y la dependienta me dijo “¿Mercedes-san?” y me llevó a otra tienda. Estaba todo el pueblo enterado de mi empanamiento. Allí tras mostrar mi pasaporte y ver que era la misma persona que la del DNI, me devolvieron mi cartera con todo su contenido intacto. Es que aquí están hechos de otra manera, claramente.

Otro lugar estrella (este muy conocido y por cierto llenísimo de turistas españoles de todas partes, no sólo catalanes que es lo que se encuentra siempre uno) es Miyashima. No os puedo enseñar fotos de este bello lugar porque me quedé sin batería, pero con una simple búsqueda en Google reconoceréis el lugar (ya hago yo la búsqueda por vosotros, solo hay que pinchar AQUÍ). Aquí es donde primero me encontré con mis amigos los cervatillos (ver más adelante), y pude disfrutar del anochecer tras el Tori gigante, una pena que estuviera destruida después de mi carrera por el campo. Es un lugar estupendo con la única pega de que está lleno de turistas.

Kansai desde el tren.

Hiroshima es conocido y lo visita mucha gente, pero el tour típico más allá de Tokio se encuentra en la región de Kansai.

Yo como poseía mi amado JR pass decidí establecerme en Osaka y desde allí moverme. Si quiero tanto a ese pase es porque me abría las puertas del Shinkansen (tren bala), y con el puedes plantarte en Kyoto en menos de 15 minutos desde Osaka.

En serio, si viajas a Japón y pretendes moverte un poco, que no te asuste el precio de este billete, ¡¡CÓMPRALO!! Además, serás la envidia de cada japonés que encuentres viajando.

Llegué a Osaka después de haber estado de peregrina por Kyushu, el cambio creo que fue demasiado brusco. Osaka es una ciudad bastante grande, con muchos edificios que se interconectan entre sí y muchos pasillos por el aire, lo que hace que te pierdas muy fácilmente. Salir de la estación y dirigirte hacia donde quieres no es una tarea tan fácil como parece, pero bueno, yo, una chica de recursos, después de llorar un rato encontré el camino hacia mi hostal, allí me encontré al dueño, que hablaba un español perfecto aprendido en San Diego.

Dediqué un dia a ver Nara y un día y medio a ver Kioto. Un día y medio para Kioto es algo totalmente insuficiente. Además, en esta región encontramos Kobe o Himeji, conocida por su imponente castillo. Yo no tuve la oportunidad de visitar estos lugares.

Nara y sus amables cervatillos

Nara es una ciudad muy bonita llena de simpáticos cervatillos. Como ya os comentaba, hay varios sitios de Japón en donde hay ciervos por las calles (que yo sepa en Miyashima, Nara y Kioto). Estos pequeños ciervos andan por la ciudad como si fueran gatos o palomas. Es más, en Nara venden comida para darles, e incluso me encontré con una loca de los ciervos. Están por ahí tumbados a su amor, se te acercan, los puedes acariciar, son muy tranquilos. Yo los veía tan pachorros que tuve la brillante idea de hacerme un selfie (o autoretrato) con uno de ellos, ¡que majete mi cervatillo posando conmigo! (Figura 3, izquierda). Hasta que en un movimiento ninja de mandíbula se llevó el mapa de Nara que asomaba de mi bolsillo. Y ahí me veis corriendo detrás de un ciervo con mi mapa en la boca, un japonés con mucha suerte consiguió una instantánea del momento (luego no sabia cual era el japonés en cuestión y no pude pedirle esa maravillosa foto). Otro grupo de gente preocupada por mi situación me dio una galleta de las que venden para darles a los ciervos y (otra foto maravillosa) me puse a razonar con mi pequeño Bambi intentando hacer un trueque, él impasible miró la galleta mientras masticaba lentamente mi mapa y lo deglutía bajo mi atenta mirada.

cervatillo

Figura 3:  Ciervo Malo Ciervo Bueno

img_20160827_121011664

Figura 4: Palacio dorado de Kioto.

 Por lo demás, Nara es muy bonito, una vez no tienes papel al alcance de los ciervos, ellos son muy majos (Figura 3, derecha), hay unos parques muy grandes y agradables con varios templos bastante impresionantes.

Demasiado cansada para Kioto

Kioto en cambio no me gustó tanto. Kioto fue capital durante mucho tiempo, hasta que Meiji decidió cambiarla a Tokio. Tiene los palacios más impresionantes, unos templos maravillosos, pero… no me gustó. Creo que esperaba demasiado y al final es solo una colección de monumentos impresionantes (ejemplo en la figura 4) en una ciudad que no es bonita. Además, todo está bastante disperso por la ciudad. Muchos leeréis esto y no estaréis de acuerdo, no pasa nada, claramente esto es mi opinión, soy consciente de que dediqué mucho menos tiempo del que merece esta ciudad, lo que hizo que me agobiara por la cantidad de cosas que hay que ver.

Reconciliación con Osaka

El ultimo día decidí visitar Osaka. Tuve la suerte de poder quedar con Taniwaki. Conocí a Taniwaki en una parada de autobús de Aso, donde ambos estábamos de turismo, pero él es de Osaka, así que cuando llegué a Osaka le avisé y quedamos para que me enseñara la ciudad. Fuimos a comer takoyakis a uno de los puestos más famosos, estuvimos paseando por Dotonbori y Umeda. Que alegría ir con él, se entera mucho mejor de esa maraña de edificios contiguos y pasillos colgantes, y si se pierde pregunta mucho más fácilmente. Finalmente me llevó a ver unas vistas muy bonitas del atardecer que hicieron que me reconciliara con esta ciudad (Figura 5).

img_20160828_185133360

Figura 5. Umeda al atardecer

 

Bueno, las vistas y lo bien que se come. Los takoyakis son mi cosa favorita de Japón, y a un buen okonomiyaki no se le hace ascos, la verdad (lo sé, soy una gorda).

4 Comments:

  1. Puessss yo de pequeña me leí un libro que se llama Sadako quiere vivir, muy bonita/triste historia.

  2. No te preocupes porque no te guste Kioto. A mi no me gusta Florencia y por ello la gente me mira como a un bicho raro, pero se sobrelleva sin muchos problemas.

  3. Me he quedado flasheada con la cartera de Hiroshima y los supervivientes tipo 3!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *