Mis últimos paseos por las antípodas

Me fui de Palmerston North dejando atrás a mis compis de viaje. Volví sobre mis pasos para conocer la capital kiwi, Wellington. Luego se cirnieron sobre mi las nubes fastidiándome un poco mis planes. Pero no llueve eternamente, pude disfrutar de la playa, su fauna y me despedí de este país alucinante en Auckland.

Wellintong, entendiendo este país

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Figura 1. Totem-puerta maorí tallado especialmente para una Exposición universal

La capital kiwi tiene su gracia, pero un día es suficiente para ver lo más importante.  Yo, tras tomarme un café y un gran desayuno en el Lilo café, donde me sentí trasladada a los años 50, me dediqué a lo que más me gustó de esta ciudad, el museo Te Papa.

Este museo, gratuito, está pensado para que entiendas Nueva Zelanda. Te explican su formación, las particularidades de flora y fauna y también, lo que más me interesaba, la cultura maorí (Figura 1). Además, el museo es muy interactivo, lo que lo hace más entretenido.

Tras pasar unas horas en este museo salí de allí y me di paseítos por la ciudad. Pude disfrutar de los entrenamientos de las regatas en el puerto y de los edificios coloniales del centro.

Dando tumbos y planes fallidos

Si bien por la isla sur tenía un plan más o menos definido de a dónde ir en la isla norte tenía más cacao.  Tras visitar Wellintong puse rumbo a la Bay of Horses. Allí destaca Napier. Una ciudad que en los años 30 sufrió un desastroso terremoto. Tras éste, reconstruyeron la ciudad y hasta hoy se conservan sus edificios tipo art deco. Te da la sensación que estas paseando por un decorado de “The artist” o “LA confidential”.

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Figura 2. Face palm con Mordor al fondo

Aunque no sabía bien qué hacer, había una cosa que tenía clara. Quería hacer el Tongariro Alpine Crossing. Esta ruta discurre por paisajes volcánicos que sirvieron de escenario de Mordor en las pelicuas de “El Señor de los Anillos”. Pero ahí se quedó todo, en ganas (Figura 2). En cuanto llegué a las inmediaciones de estos volcanes aparecieron las nubes y los vientos huracanados que me retuvieron allí esperando que mi suerte cambiara para poder hacer la caminata. Al tercer día de espera me harté y continué mi camino. Así que con todas las ganas me he quedado de pasearme por Mordor.

Vida volcánica

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Figura 3. Barro calentito calentito

Para aliviar mis penas me fui a remojarme en agua caliente. Por Rotoura discurre el cinturón de fuego del Pacífico, por el cual me he estado paseando todos estos meses. Esto hace que sea una región muy movidita. Entre las particularidades de la zona, está su gran actividad geotérmica. Esto da lugar a lagunas de colores imposibles, a barros burbujeantes (Figura 3) y ríos de agua calentita. En éstos me quedé a remojo para suplir la falta de duchas que me ha acompañado en este país. He de decir que están muy bien, pero que no sirven como sustitutivo de una ducha.

De vuelta a la costa y al buen tiempo

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Figura 4. Cathedral Cove

Después de esta cura de aguas calientes el tiempo mejoró y tomé la carretera que discurre por el norte de la isla, la Pacific Coast Highway. Allí pude disfrutar de playas de aguas transparentes y acantilados impresionantes. Una de las partes

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Figura 5. Vista desde los acantilados con raya en el agua

más conocidas es la Cathedral Cave, y entiendo el porqué (Figura 4). No sólo la playa es muy bonita, sino que el paisaje en conjunto parece de cuento. Tan de cuento que sirvió como escenario para alguna que otra escena de Narnia. Tan clara es el agua que desde encima de un acantilado fui capaz de ver una raya que estaba dentro del agua (Figura 5). Luego la contemplé más de cerca haciendo snorkel.

Cerca de ahí está la playa de agua caliente. Debajo de la orilla hay atrapada una bolsa de magma. Cuando la marea baja la gente va a la playa armada con su pala y se hace unas piscinitas que el magma subterráneo calienta, hasta los 60ºC puede llegar a estar el agua.

¡Delfines! ¿Qué más puedo pedir?

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Figura 6: Delfín antes del espetáculo de salto

Para seguir disfrutando de la vida marina continué por la Twin Coast Highway. Esta carretera va desde Auckland hasta el cabo Reinga. En el camino se pasa por Bay of Islands. Allí decidí montarme en un velero para acercare a las criaturas que moran estas playas.

Qué de delfines, y sobre todo, qué habilidosos (Figura 6). Yo pensaba que los saltos de varios metros con loop solo lo hacian los delfines del zoo. Pero estaba equivocada, los salvajes también saben. Yo creo que el estado les pasa una paguita para que hagan semejate espectáculo.

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Figura 7. Pista para deslizamiento con Body Board

Ademas de delfines pude ver pajaros variados: Pelícanos, gaviotas, cormoranes y pingüinos nadando, mucho más habilidosos que en la orilla.

Continué hasta el punto más al norte de Nueva Zelanda, el cabo Reinga. He de decir que el cabo no es gran cosa, pero al lado hay unas dunas gigantes que eso sí que merece la pena. En estas dunas puedes alquilar tablas de body board para deslizarte por ellas (Figura 7). Yo no alquilé ninguna porque pensé que me iba a cansar mucho subir a la duna más de dos veces y ya no iba a ser muy rentable. Me entretuve mucho viendo los aciertos y desaciertos de quienes sí que las habían alquilado. Uses o no estos artilugios, ésta es una visita 100% recomendable.

Auckland, la guinda del pastel

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Figura 8. Parque-volcan

Ya sólo me quedaba por visitar la ciudad más importante del país, la cual había dejado para el final ya que mi vuelo hacia el siguiente destino partía desde allí. Pasé un par de días en Auckland. Los neozelandeses piensan que Auckland es una ciudad estresante, pero eso es porque viven en un país extremadamente tranquilo. Porque para ser la ciudad más grande es de lo mas tranquilita. Tiene muchas cosas para hacer, cines, teatros, comidas del mundo, y es muy animada. Los parques son volcanes (Figura 8), lo que le da un toque muy molón. Tiene una zona portuaria que se está convirtiendo en lo más moderno, que está muy chula. Con mucha construcción a base de containers (Figura 9).

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Figura 9. Quien quiere bancos pudiendo poner tumbonas

Por las tardes puedes ver a la gente practicando deporte. Hay un parque que se lo reparten y un día se juega al rugby y al siguiente al críquet. Me he quedado con las gans de practicar el rugby de pachanga en el que no hay placajes, cosa que lo hace mucho más atractivo para mis ojos.

Lo último que hice en esta ciudad fue coger un ferry para observarla desde fuera, desde Devonport, al otro lado de la bahía. Con estas vistas en mi retina me fui a dormir (Figura 10). Al día siguiente abandonaba las antípodas para emprender, poco a poco, mi viaje de vuelta. El día más largo de mi vida me esperaba.

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Figura 10. Vistas de Auckland desde Devonport

2 Comments:

  1. Este viaje se debería llamar sobre el volcán en vez de pie traspie. Cogiste el cinturón de fuego en japón y lo vas a soltar en California

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