Monzónica Camboya


Mi plan inicial era pasar unas 3 semanas en Camboya, y gracias a mi tiempo de relax en Sin Pha Dong pude hacer un plan más o menos pormenorizado. No os vayáis a creer gran cosa pero, a estas alturas, pensar qué quiero hacer pasado mañana me parece la planificación absoluta. La realidad cayó sobre mí como un jarro de agua fría, nunca mejor dicho. En Camboya no pude esquivar por más tiempo el monzón, así que mi recorrido por este país se recortó a una sola semana. Aun después de estos recortes (a los que todos estamos muy acostumbrados ya) me mereció mucho la pena esta visita y los 38$ que me dejé en el visado.

Music ON (Aquí)

Odiando fronteras (parte 3 de muchas)

Llevo ya tanto odio acumulado en las fronteras que se me va diluyendo poco a poco. Sin embargo, el hecho de que ya no me entren ganas de llorar o de matar a alguien no significa que las quiera. En este caso, atravesé una frontera terrestre (mis favoritas) entre Laos y Camboya en un paso de lo  más corrupto, en el que si no te la lía el conductor del autobús lo hacen los propios agentes de la aduana o todo el mundo a la vez.

Aquí los del sellito del lado de Laos te piden 2$, ¿por qué? básicamente porque pueden, y da gracias de que no te pidan 10$. El que puedas salir del país está en sus manos y lo saben, así que si preguntas que para qué tienes que pagar, se ríen y te miran con unos ojos que lo dicen todo: “tú no pagues que ya verás tú qué sello te pongo”. Los del lado de Camboya no son más tontos y te piden otros 2$. Además, si te descuidas en tierra de nadie te tangan otro dólar más por un certificado médico que no es necesario ni sirve para nada.

El visado de Camboya vale 30$ si lo sacas en una embajada, pero aquí lleva un suplemento de 5$ (esto ya ni me pregunto si es lícito, verdad, o mentira). Al final te comportas como lo que eres, un saco de dólares, y pagas todo mientras la sangre te hierve.

Planes pasados por agua

Fuí a Ban Lung para hacer un trekking por la selva de Ratanakiri, ver los bosques de caucho y dormir en una hamaca al lado de las cataratas. Cuando ya tenía todo apalabrado, amaneció un día lleno de agua, con más agua que no dejaba de caer. Decidí no arriesgar a que al día siguiente pasara lo mismo y me dirigí a la capital camboyana.

Desde allí, mi siguiente plan era dirigirme a una zona de playas que hay al sur. El tiempo no mejoró mucho, o incluso diría que empeoró. Decidí prescindir también de esta parte de mi plan. Si es que al final planear es para nada… y así es como la lluvia se llevó dos semanas de mi planning. Finalmente en Camboya sólo he visitado Pnom Pheng (la capital) y Siem Riep (donde se encuentran los templos de Angkor).

Cabreada con la comunidad internacional

En Pnom Phen hay varias cosas para visitar, como templos y palacios reales. Camboya es un país con régimen comunista que sigue conservando un rey, ellos lo valen.

img_20161010_134835499

Figura 1: Árbol para estrellar bebes

Pero lo que yo quería era enterarme de la historia reciente de este país, para ello lo mejor es visitar la cárcel S-21 y el campo de exterminio de Choeung Ek. En ambos lugares con la entrada te dan una audioguía que tiene muchos idiomas, entre los que está el español. En ella relatan lo que hizo el gobierno de los Jemeres Rojos en este país la segunda mitad de la década de los 70. Yo era una ignorante completa sobre estos sucesos y es por ello que decidí visitar estos lugares, me da cierta vergüenza esta ignorancia.

Lo que ocurrió, así más o menos, es que en 1974 un ejército comunista bastante radical tomó el poder del país. Sus idelaes eran construir una Campuchea (como llamaron a Camboya en ese momento) nueva desde la base. Así que decidieron prescindir de los intelectuales y la gente que vivía en las ciudades y centrarse en los campesinos. Para ello entraron en las ciudades y echaron a todo el mundo, ¡que se volvieran a sus pueblos!, si no tenían pues ¡que se lo inventaran! ¡al pueblo todo el mundo! Después, mataron a los intelectuales. Llevar gafas o tener las manos suaves eran indicios suficientes para pensar que eras intelectual. Para que nadie vengara la muerte de nadie, cada vez que mataban a alguien mataban también a toda la familia, si eso incluía un bebé de meses, pues también (hasta la raíz, como decían).

img_20161010_140138745

Figura 2: Cráneos encontrados en los campos de exterminio

A la gente del campo les impusieron triplicar la producción de arroz para que pudieran ser autosuficientes. Así que tenían a todo el mundo con la comida racionadísima y trabajando de sol a sol. Más tarde les empezó a entrar la paranoia y veían traidores por todas partes. Si pensaban que eras traidor te metían en la cárcel y te torturaban hasta que firmabas una declaración de lo que te dijeran y con esa declaración ya tenían motivos para matarte. Una alegría todo, vamos.

De esta manera, en cinco años mataron a un tercio de la población, ya fuera de hambre o a palos. Porque cuando te enviaban al campo de exterminio no eran tan asépticos como los alemanes que te mataban con gas, aquí por no gastar te mataban a palazos, estrellando bebés contra un árbol (Figura 1) o cortándote la yugular con una hoja de palmera. Lo del gas es de manirotos.

Hasta aquí todo un relato horrible de a dónde puede llegar uno en situaciones extremas, son cosas que han pasado muchas veces en la historia y aunque cabrea no sorprende, todo ello por mucha desgracia. Donde a mí de verdad me hirvió la sangre, lo que hizo que me cabreara muchísimo, fue la actitud de la comunidad internacional.

En 1979 un ejército combinado de camboyanos en contra del régimen y vietnamitas consiguió liberar al país de los Jemeres Rojos y éstos huyeron a campos de refugiados en Tailandia. Desde allí, países como Inglaterra, Francia o Alemania los siguieron considerando como el gobierno legítimo de Camboya, les apoyaron económicamente para que recuperaran el poder del país y siguieron siendo los representantes de Camboya en la ONU hasta 1991.

Me alegro muchísimo de haberme enterado de esta parte de la historia, que debería conocer de antes, y seguro que muchos ya sabréis.

Reencarnada en Indiana Jones

Tras empaparme de la historia contemporánea de Camboya me dirigí a Siem Riep en un autobús tortura, para contemplar su historia antigua.

img-20161020-wa0003

Figura 3: Ankor Wat al amanecer

En Siem Riep encontramos los templos de Angkor que es la cosa más alucinante que he visto en mi vida (Figura 3), tiene pinta de ser comparable con las pirámides y Petra (sitios que nunca he visitado). Se trata de un recinto que albergaba una ciudad y muchos templos. Actualmente, sólo se conservan los templos pues eran las únicas construcciones de piedra. Estos templos son el orgullo nacional, y con razón, son el símbolo de Camboya y aparecen hasta en su bandera. En esta ciudad vivían en su época un millón de personas, mientras en Londres en aquella época vivian sólo 50.000, y su superficie es equiparable al actual Berlín. Vamos, una barbaridad de sitio.

img_20161013_070821561_hdr

Figura 4: Demonios jugando a tirar la cuerda contra budas

Hay varios tipos de entradas, yo me saqué la de 3 días. El primer día un tuk tuk me recogió de mi albergue a las 4:30 de la mañana para ir a ver el amanecer en Ankor Wat (Figura 3), el más impresionante de los templos.

img_20161013_091247683

Figura 5: Labores de restauración

Este templo es el que está más restaurado y puedes quedarte horas infinitas embobado mirando los dibujos de las paredes (Figura 4). Después de éste, vimos unos cuatro templos más. El resto de templos no están tan bien conservados, pero se ve que le están poniendo empeño, en muchos de ellos puedes ver las labores de restauración (Figura 5). Otros te los encuentras totalmente absorbidos por la naturaleza, en éstos son en los que te sientes como Indi, esperando tener un látigo en la mano (Figura 6).

Al día siguiente cogí una bicicleta y me hice un recorrido de 40km en el que pude cotillear por los diferentes caminos y meterme por templos de varios tamaños. En uno hasta me eché una siestecita de una hora sobre una piedra.

img_20161014_100138358_hdr

Figura 6: Árbol sobre puerta

Angkor es un sitio estupendo que por sí solo justifica la visita a Camboya. Yo sólo le encuentro dos cosas malas: que ahora cada templo que veo no puedo evitar compararlo, y el coñazo que te da todo el mundo para venderte algo (todo por un dólar), incluso yendo en bici me ofrecían transporte.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *