Perú con una gafe (II). Amazónicas en Tambopata

Abandonamos la locura turística de Cuzco y bajamos a una altura razonable. Allí pudimos comprobar que efectivamente estábamos en los trópicos. En Puerto Maldonado descubrimos El Amazonas, la selva por excelencia de una de las mejores manos posibles.

Continuamos con nuestras entradas bicolores, mi punto de vista lo leeréis en negro, los de la gafe de confianza en azul

Nuestro guía favorito

Lo que más me ha gustado de Perú son los días que pasé en la reserva de Tambopata, y no me hace falta pensarlo dos veces. Si no tengo ninguna duda sobre ello es gracias a Jose Luis. Si entre tus planes está venir a este país y te gusta el campo no dudes en pasar por aquí y tampoco dudes en preguntarme el contacto de este señor.

Nos vamos a Puerto Maldonado, puerta de entrada a la selva amazónica, y más concretamente a la reserva de Tambopata. Nos decidimos por ir bus nocturno, 12h de trayecto, así ir durmiendo. Cosa que fue imposible las 4 primeras horas mientras Fernando Alonso conducía un bus de dos plantas por carreteras sin asfaltar a ritmo de fórmula 1, mientras mis manos arrancaban la tapicería del asiento.

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Figura 1: En barca con Jose Luis

A Jose Luis lo conocimos gracias a Couchsurfing. Esta plataforma está pensada para poner en contacto a gente local con viajeros. Así que no es de extrañar que mucha gente la utilice para “darse publicidad” en sus empresas turísticas. Se ve a la legua quién hace un buen uso de esta publicidad y quién no. Buscando alojamiento en Puerto Maldonado me enamoré de los comentarios que leí sobre él.

Él es de Lima, y harto de la vida de allí se mudó a la selva y estudió para ser guía turístico. Hace todo lo posible por emprender y ser independiente para no tener que venderse a los malvados touroperadores. El ofrece una habitación en Couchsurfing y si luego te apetece visitar la reserva de Tambopata y quieres a contratarlo a él para que te lleve pues mejor que mejor. He de decir que te va a organizar una gran excursión. Y vas a tener claro que los beneficios no se van a quedar por el camino.

Puerto Maldonado profundo: una gran aventura

Quedarte en su casa es toda una aventura. Vive en un asentamiento muy a las afueras del pueblo. Ir hasta allí en micro con mochilas y caras de gringas es algo muy divertido. Estos son los momentos en los que me he alegrado de ser 100% fluida en español. El viaje es largo y por supuesto ningún turista va allí, así que acabas entablando conversación con todo el mundo. Incluso acaban defendiéndote cuando la señora de la micro intenta estafarte. En estos viajes es donde más amigos hemos hecho, ni en albergues ni nada.

En Puerto nos esperaba  Jose Luis miembro de la comunidad Couchsurfing, increíble guía, y amante de su entorno y su familia que nos alojaría en su casa junto a sus dos hijas y su mujer, y sería nuestro guía durante dos días en la Selva.  El llegar a su casa ya fue toda una aventura, después de localizar el colectivo que teníamos que coger, y desayunar algo en el mercado, nos montamos, la gente nos miraba como si fuésemos un poco marcianas, y les surgieron muchas dudas que no se cohibieron de preguntar:

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Figura 2: Pocahontas en la laguna Sandoval

-¿A dónde vais?

-al asentamiento humano 9 de julio (Esta es una fecha ramdom, para no comprometer su intimidad, porque me acuerdo estupendamente de la original)

-¿Vais a comprar terreno?

-No

-¿que se os ha perdido allí?

-Vive un amigo…

Mientras charlábamos con los otros pasajeros, la cobradora empieza a pedir el dinero a todo el mundo. Cosa rara, porque estos vehículos son como taxis, se paga cuando te bajas. La señora primero nos intentó cobrar de más. Cosa que no pudo porque, por suerte o por desgracia, hablamos el mismo idioma y escuchamos con claridad lo que le cobraba a los demás. Después de recoger toda la recaudación se baja. El vehículo sigue camino, y  200m más a delante una de las ruedas se pincha (¿casualidad?). Nos comentan que si queremos podemos continuar a pie. Como los demás pasajeros se amotinaron, pues nosotras también. Al rato, ya teníamos otro vehículo disponible que nos llevó a nuestro destino. Un Chabola, muy bien hecha, con todo lo necesario para vivir con su tele de plasma des pulgadas infinitas incluida.

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Figura 3. Otro atardecer más

Ya solo por eso merece la pena, pero es que luego la familia es encantadora. Tiene dos hijas que al tercer segundo de conocerte ya están abrazandote y liándote para jugar con ellas. Durante dos días hemos visto la realidad de mucha de la gente que vive en Perú. Sin agua corriente, con electricidad a partir de las 7 de la tarde y con una tasa de sonrisas mucho mayor que las que hemos visto en las ciudades.

Bicherío amazónico

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Figura 4: Mono aullador

Al día siguiente nos adentramos en la selva. Allí pasamos dos días. Nos alojamos en mitad de la reserva en un lugar que en vez de paredes tenía mosquiteras. Nos trataron como reinas mientras nosotras íbamos de hamaca en hamaca. No puedo relatar bien lo que me gustó todo. Vimos bichos de todas clases y colores: monos de tres clases, nutrias, caimanes, guacamayos (casi me da algo con esto), murciélagos, mariposas que parecían de coña, termitas en grandes manadas, las hormigas esas que cortan hojas para cultivar hongos, buscamos nueces de brasil, pero todos los animales se nos habían adelantado y aprendimmos mucho de la flora y fauna del lugar.

Para mí poder ver en directo a parte del elenco de los documentales de la 2, fue increíble, que creo que sólo podría llegar a entender una Beliebers a la que le dejan pasar una noche con su ídolo.

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Figura 5: Nutria

Aquí nuestra amiga se está haciendo la valiente y no relata lo bien que lo pasó por la noche admirando las tarantulas al otro lado de la mosquitera o la paranoia que le entró cuando descubrió que durante la noche “algo” decidió comprobar si nuestros platanos estaban envenedados dándoles unos bocaditos. Tras muchas investigacionnees hemos decicido que fueron unos murciélagos.

Aunque teníamos ganas de quedarnos allí una semana, como unos señores ingleses que estaban alojados con nosotros, tuvimos que volver a Cuzco. Esta vez pasando por allí como un mero trámite para ir a la joya de la corona andina, Machupichu.

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Figura 6: Grulla preciosa

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