Tasmania. Diario de bicicleta (I): Arrepentimiento

Ya no tenía coche y necesitaba un medio de transporte. En Sidney, Jessica me había recomendado visitar Tasmania en bicicleta, ella lo había hecho y guardaba un grato recuerdo. Le hice caso y le pedí la referencia de dónde alquiló la bici. Alquilaría la bici en Launceston (al norte) y bajaría hasta Hobart (al sur) siguiendo la costa este.

Dia -2: Llegada a Tasmania

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Figura 1: Ahogando mis penas

Llegué a Hobart desde Cairns y me alojé de nuevo en el albergue de International Hostel. Allí no solo pude alojarme, sino que además me permitieron dejar parte de mi equipaje hasta que volviera. Cogí sólo lo imprescindible puesto que iba a tener que cargar todo en las alforjas. La guía de Tasmania en bicicleta que me había imprimido expresamente para este viaje parece ser que no era imprescindible, porque me la dejé.

Dia -1: Perdiendo cosas (capitulo 1 millón)

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Figura 2. Ganadora de la probatina

Fui en bus de Hobart a Lauceston. Atravesé todo Launceston desde la estación de autobuses hasta el albergue. A escasos 20 metros del albergue, me di cuenta de que me había dejado en el autobús el polar y la chaqueta, es decir, todas las prendas de abrigo que tengo conmigo. En Tasmania hace frío, saber que era probable que viniese aquí es lo que hizo que me comprase un saco gordo. Y nada más llegar, pierdo TODA mi ropa de abrigo.

Llegué al albergue solté mis cosas y fui corriendo como una loca a la estación de autobuses. Hasta el día siguiente a las diez y media no volvía ningún autobús que pudiera traerme mis cosas. Pero al menos seguían en el bus.

Tras este sofocón me fui a la fábrica de cerveza local y me pedí una probatina de tres cervezas (Figura 1). Así ya sabía cuál era la que iba a pedir en los pubs a partir de ahora (Figura 2). Luego dediqué el resto del día a ver esta ciudad. La verdad es que las ciudades de Tasmania tienen más encanto que las del resto de Australia.

Dia 1: El alquiler de la bici

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Figura 3: Porche de la casa de Douglas

Por lo que me había comentado Jessica y por los e-mails que había intercambiado con el arredandor de bicicletas, yo ya sabía que era un personaje de la vida. Había quedado con Douglas, que así se llama, a las 8:30 de la mañana en su casa, donde tiene su negocio.

A las 8:30 llegué. Y a esa misma hora me quedé impresionada con el síndrome de Diógenes que tiene ese hombre (Figura 3). Y eso que no entré en su casa porque se había olvidado de nuestra cita. A las nueve apareció y comprobé que por dentro había muchos más chismes que por fuera. Escogió una, puso el sillín a mi altura, escogió una alforjas y me dio dos consejos:

  • Ten cuidado con el demonio de Tasmania. Yo soy un demonio de Tasmania pero viejo, y ya no tengo peligro, tienes que tener cuidado con los jóvenes. Salen al atardecer y te quieren llevar a la cama. Yo me he dejado ver en los atardeceres pero no he tenido la suerte de que alguien me sacase de la tienda (ya sin cartones) para llevarme a una cama.
  • Ponle a la bicicleta el nombre de tu novio. Cuando te levantes por la mañana dale tres patadas y dile “Fulanito, has sido muy malo, no has sabido comportarte”. (No lo supe ver en ese momento pero debería haber seguido el consejo de darle tres patadas a la bici todos los días.)

Además, con Douglas planeé la ruta más adecuada para seguir. Creo que con la edad ha perdido mucha vista y se imaginó que yo estababa en mucha mejor forma.

Me puse en marcha. Primera parada, la estación de autobuses para recuperar mi ropa. Segunda parada, supermercado para abastecerme. Total, que al final me puse en marcha de verdad a las doce del mediodía. Como era el día de Australia, por lo menos había poco tráfico.

Al principio no se me dio mal del todo. Cuando tuve que empezar a subir cuestas con el viento en contra y un sol achicharrante, empecé a arrepentirme. Además, cuando vas lento porque vas cuesta arriba, una nube de moscas empieza a metérsete por todas partes, en los ojos, en la cara… yo, con un grácil movimiento de coleta intentaba espantarlas, pero eso me desequilibraba. El culmen de mi odio hacia estos insectos ocurrió cuando me tragué una porque iba boqueando por la falta de aire. Tuve que bajarme porque me dio un ataque de tos, la expulsé por la nariz y ella se fue volando tan pancha.

Conseguí llegar a George Town (68 km después) gracias a dos mantras que me repetía en mi mente sin parar:

  • Si iba en primera subiendo una cuesta me repetía “yo no tengo prisa, ¿tú tienes prisa?, yo no tengo prisa (BIS x 1.000)”.
  • Si quedaban menos de 5 km para mi destino, o para mi parada: “5 km para una cerveza, 5 km para una cerveza”.
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Figura 4. Por fin en mi destino

En George Town tuve mi recompensa en forma de clara, tras descansar seguí 5km mas hasta Low Heads, donde plantifiqué mi tienda junto a la playa (Figura 4).

Dia 2: Mi culo me pide independizarse

Desperté y me di un bañito en pelotas en una playa entera para mí. Así refrescada me puse en marcha de nuevo. ¡SORPRESA! No tengo agujetas, el dolor de culo enmascara cualquier otro tipo de dolor.

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Figura 5. Bella y limpia tras mi ducha

Esta etapa era más tranquilita, 60 km hasta Bridport en los que casi no puse pie en tierra, pero lo puse. Las cuestas son duras para mí. Hay que tener en cuenta que por mucho que haya vivido en Madrid, soy de Sevilla, donde a una calle con un desnivel de tres metros se le llama “cuesta del Rosario”.

Llegué a una hora decente a mi destino donde decidí alojarme en el albergue. Tras una merecida ducha (Figura 5) pasé por delante del pub que tenía una terraza muy animada, llena de autóctonos. Como ya sabía cuál era mi cerveza favorita, la pedí. Un grupo de muchachos me invitó a unirme a ellos, a otra cerveza y si hubiera querido, a porros. Va a ser verdad eso de que en Tasmania la gente es muy amable.

Tras una noche muy familiar en el albergue viendo la semifinal del Open de Australia, cogí la cama con un gusto desmesurado. Al día siguiente me esperaban cuestas de verdad.

 

2 Comments:

  1. Informático en las sombras

    Me encanta tu mantra sobre la prisa, no sé porqué te he imaginado cual Dori de Buscando a Nemo.

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