Tasmania. Diario de Bicicleta (II): Superación

Mis comienzos en esta isla fueron más duros de lo que esperaba. Como no hay mal que cien años dure, mi culo y mi cuerpo se fueron acostumbrando a este nuevo medio de transporte. Me quedé gratamente sorprendida de mis capacidades y pude disfrutar mucho más de las maravillas de este lugar.

Día 3: ¡Vergüenza debería de darme!

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Figura 1. Fresca tras subir una montaña andando (comparar con Figura 2)

Empezaba ya lo bueno, cuestas verdad y pasar de la playa a la montaña. Hay quien ha criticado que monte en bicicleta con zapatos de trekking. No he visto mejor acierto, porque la etapa entre Bridport y Derby la hice básicamente andando. De nada me sirvieron mis mantras ni cambiar de marcha. Ante una cuesta acusada siempre ponía pie en tierra. Que yo sepa lo importante es hacer el camino (Figura 1).

Finalmente, llegué a mi destino, un camping en Derby. Yo no lo sabía, pero era un camping de frikis de la bicicleta. Qué vergüenza al ver que los dos señores sexagenarios que tenía al lado se metían unas palizas que yo sólo de imaginármelas ya estaba boqueando. Todo el mundo me preguntaba qué tal todo. Yo, ante la vergüenza de ser una tramposa que se bajaba cada dos metros, fingí ser poco menos que prima de Indurain.

Al menos, el camping tenía un río estupendo donde pude lavar mi vergüenza y mi sudor de impostora.

Día 4: La etapa más dura.

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Figura 2. Con falta de oxígeno, pero llena de orgullo (comparar con la Figura 1)

No podía seguir fingiendo más. Esto tenía que acabar, debía subir las cuestas montada en bicicleta. Añadí un nuevo mantra a mi repertorio: “Bajarse no es una posibilidad”.

Mano de santo. Hice la etapa entera sin bajarme nada más que a tomar un refrigerio. Que orgullosa me sentí de mi misma cuando conseguí alcanzar la cima de la montaña del día (Figura 2).

Llegué hasta Saint Helen. Si quería acampar en un lugar gratuito tenía que pedalear unos 10 km más. Deseché esa opción. Como ya me había convertido en la prima de Indurain, coloqué mi tienda en el césped del club de cortadores de leña, es decir, los aizkolaris de aquí. Ya había llegado a la costa este, e ir al lado de la playa facilita mucho las cosas.

Desde Saint Helen se puede visitar la Bahía de Fuegos (Bay of Fires). Hay quien dice que es por el color de las rocas y quien dice que es porque los aborígenes hacían muchas fogatas. Mi cansancio generalizado hizo que no la visitara.

Día 5: Llaneando hasta Bicheno

Como ya no había cuestas, pues palizote de 76 km que me metí en el cuerpo. Llegué a Bicheno donde me hospedé de nuevo en un hostal. En ese momento no lo sabía, pero allí me di la última ducha hasta Hobart.

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Figura 3. Silueta esbeltísima sobre rocas rojas

En Bicheno se pueden ver pingüinos. Cuando fui feliz y contenta a informarme, me contaron que solo había unos diez y que había que pagar un tour para verlos. Opté por darme un paseíto por el pueblo para estirar las piernas. Tras visitar Bicheno no me arrepiento de haberme saltado la Bay of Fires, la costa tiene las mismas rocas rojas (Figura 3). El paseo es estupendo, encontré una freiduría donde probé una vieira y una gamba fritas. Aunque fueran solo una unidad, su sabor valió por una ración. Los fish & chips de Tasmania ganan por mucha diferencia a todos los demás que he probado en mi vida. Están a la altura de las freidurías, aunque con otro estilo.

Día 6: Estaba tardando… lesión

Por fin, un día relajado y, además, para visitar uno de los sitios más famosos de esta costa, Coles Bay. Se ve que tanto esfuerzo en los días anteriores me pasó factura, mi rodilla izquierda empezó a quejarse. Yo para tranquilizarla me paré en una granja de abalones (Haliotis) para probarlos. Pedí dos, uno crudo y otro en salsa. La salsa era básicamente mantequilla. Mira que yo soy de la opinión de que es imposible pasarse con la mantequilla, pero a lo mejor si que hay un límite.

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Figura 4. Wine glass bay, casi muero aplastada por una horda de chinos par hacer esta foto.

Para que os hagáis una idea de lo carísimo que son estos manjares, les puse un poco de cara de pena y me regalaron una ostra. Gracias a Dios, las ostras siguen sin gustarme, solo las de Narooma me gustan.

El festival de moluscos no fue suficiente y mi rodilla siguió quejándose. Llegué a Coles Bay y como es un parque nacional y muy turístico, no quise arriesgarme y pagué la entrada para acampar. Me asignaron una parcela, ésta consistía en un trozo de terreno en cuesta lleno de raíces. Yo, sin mis cartones y pagando por dormir en un lecho de raíces… es que se te quitan las ganas de ser legal.

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Figura 5. Descansando a pie de playa

Para ver si mi rodilla mejoraba decidí hacer una ruta de 12 km andando. Efectivamente, en cuanto me bajé de la bici le dio igual que me dedicara a subir y bajar escaleras. La ruta era para disfrutar de Wineglass Bay (Figuras 4 y 5). Mucha gente piensa que el nombre se debe a la forma circular de esta bahía, pero no, por lo visto en este lugar se dedicaban a la caza de ballenas y su sangre teñía el agua haciéndola parecer vino tinto. No estoy muy segura de la veracidad de esta segunda historia, pero como es mucho más tétrica, es la que he decidido creerme.

Día 7: Lesión pasajera

Swansea, Tasmania

Figura 6. Coles Bay desde mi camping de Swansea

La mañana siguiente mi rodilla estaba mucho mejor. Además, la mimé más que de costumbre haciendo un calentamiento digno de Jane Fonda. Una etapa sin mucha dificultad pero que se me hizo eterna. La mitad del camino era el mismo que el día anterior y luego ir tranquilamente hasta Swansea.

En Swansea vi que había un hostal, pensé en alojarme allí tras mi noche sufridora entre raíces. Pero cuando pregunté el precio se me quitaron las ganas, 40$. Qué poca vergüenza tiene la gente. Luego descubrí que 15 km más adelante había un sitio de acampada que estaba muy bien. Como era algo que le ganaba al día siguiente, decidí continuar. Y me alegro, las vistas maravillosas (Figura 6) y todo el mundo del camping, un amor.

Estuve charlando con unos y con otros hasta que se puso el sol y al día siguiente una madre y su hija me invitaron a desayunar. ¿Qué más se puede pedir?

 

One Comment:

  1. Ahora comprenderas a tu pobre madre de tour en bici por el Loira con aquellos ancianos que subian y bajaban la barranquita del Loira sin problemas.

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