Conseguí salir de Sidney, me costó, pero lo conseguí. Decidí que mi siguiente destino iba a ser la capital de Australia Meridional, Adelaida. Desde que tomé esa decisión todo el mundo me preguntó que para qué iba allí. Está visto que no es el destino turístico por excelencia.
Relocation, la razón de todo
Entre Melbourne y Adelaida hay una ruta que va por la costa que me recomendaron muchísimo. Y ese era el mayor motivo para que quisiera ir allí, no por el destino en sí, sino por el camino. Haciendo la ruta en sentido Adelaida-Melbourne existen más posibilidades de encontrar un coche en relocation.
La relocation es el invento del siglo. En este país de grandes distancias, mucha gente alquila coches y furgonetas para hacer sus rutas en una dirección. Las empresas de alquiler se ven con los coches acumulados en un lado donde los alquila menos gente, y los quieren de vuelta en la ciudad de inicio, donde hay más demanda. Para solventar el problema se inventó este sistema. Si haces la ruta al revés te cobran un precio simbólico e, incluso, a veces te pagan parte de la gasolina. Tú tienes un coche gratis y ellos el coche de vuelta sin tener que pagar al conductor.
Casualidades de la vida
Hice las maletas y hacia Adelaida que me fui. Llegué al aeropuerto, un poco confundida por el cambio horario. Tienen media hora de diferencia, ¿dónde se ha visto esto?. Y en el mismo aeropuerto, mientras iba empanada buscando el punto de información, veo a una muchacha que me suena muchísimo. Ella, se me queda mirando con cara de “yo a ti te conozco…”. Sin tener ni idea de qué la conocía, y siendo rubia y blanca como los más oriundos, le dije en un español perfecto “yo a ti te conozco”. No fallé, era española, y nos conocíamos.

Figura 1. Isa y yo lejos de la UAM
Se trataba de Isa (Figura 1, del nombre sí que no me hubiera acordado nunca). Tras una batería de preguntas como: “¿eres polaca?”, “no, de Canarias” (yo soy así, te hablo en español pero luego pienso que a lo mejor eres polaca), “pues yo de Sevilla, pero… vivo en Madrid”, “yo estudio en la Autónoma”. Iluminación divina en mi cerebro: la visualizo con bata de laboratorio y BINGO, es una alumna del último año que di prácticas.
Así son las cosas, le das practicas a alguien y te la encuentras mil veces en el tren con la legaña pegada, y como mucho haces levantamiento de cejas. De repente te la encuentras en un aeropuerto remoto a más de 16.000 km del lugar común, y te pones a hablar como si no hubiera un mañana.
Pues Adelaida a mí me gusta

Figura 2. Ejemplo de cafetería molona con música en directo
Está claro que esta ciudad es pequeñita. Mucho más tranquila que Sidney o Melbourne. Pero a mí me ha hecho gracia. Tiene muchas cafeterías muy chulas, una barbaridad de sitios con música en directo (Figura 2) y la gente es muy, pero que muy agradable. Por lo visto, tiene fama de gente pasada de moda y la verdad que es fácil encontrarse gente muy propia.
Las dos primeras noches las pasé en un hostal en el centro, disfruté de la ciudad, fui a una jam session muy graciosa en la que participé tocando una maraca (conozco mis límites). Pero después me mudé a las afueras, a casa de Steve y Lauren. Los conocí gracias a couchsurfing.
He tenido mucha suerte conociendo a esta familia. Me han acogido en su casa, que ya es bastante, pero además me enseñaron muchas cosas. Primero, me llevaron a Barossa valley, que es el lugar del vino por antonomasia.
Tierra de vinos… de muchos vinos
Si te gusta el vino, solo por eso merece la pena ir a Adelaida, eso sí, asegúrate de que llevas un chófer. Yo en mi vida he visto varias bodegas y viñedos, así que eso lo llevaba ya convalidado; me dejé de tonterías, yo lo que quería era probar el vino. Y eso, probar vino, es lo que se hace aquí muy bien. Primero, fuimos a una bodega donde te daban a probar casi cualquiera que eligieses, gratuitamente. Allí probamos tres blancos. Luego, por recomendación de una autóctona, fuimos a Taste Eden Valley, en Anguston.
En este lugar hay que pagar 5$ por los que te dan a probar 20 vinos. Una mujer muy dispuesta y que sabe mucho te los va contando. Como es una tienda y no una bodega pruebas mucha más variedad. Por ser el aniversario de la tienda nos ganamos una copa de tinto espumoso al pedir una tabla de quesos (no habíamos comido nada) y como yo le dí mucho palique a la señora, tuvimos un Pedro Ximenez de bonus track. Te ponen un cubilete para ir echando el vino, pero seamos realistas, ¿quién utiliza eso? si vas a probarlo te lo tragas, que sino no aprecias los retrogustos.
Así que si llevamos la cuenta, me tomé 24 culines de vino variado y una copa entera sin haber comido. Obviamente, salí de ese pueblo como las grecas. Yo les compré a mis anfitriones una botella del que más les gustó y me ahorré los 5$ de la cata. El couchsurfing va de intercambio cultural, así que después de que ellos me enseñaran las delicias de su región yo les mostré una actividad muy española, la siesta.

Figura 3. Esto os creéis que esta en Adelaida.
Bogans, esa cosa tan australiana
Aquí a los rednecks les llaman bogans, que es lo que viene siendo más o menos canis. Mis anfritiones pusieron mucho empeño en enseñarme la cultura bogan, que supiera reconocerlos, a ellos y a sus coches. Me alegro mucho de estas lecciones, porque no es algo que uno pueda hacer fácilmente solo.
Yo tras 20 días en Sidney estaba deprimiéndome con mi aspecto físico, es muy impresionante lo buenorro que esta todo el mundo en esa ciudad. Gracias a mi paseo por restaurantes bogan se me ha quitado toda la depresión. La clase obrera australiana está impresionantemente gorda, pero gorda de verdad, de enfermedad. Además de por esta característica se les puede reconocer por sus tatuajes, por ejemplo: bandera australiana o algo relacionado con Ned Kelly, un héroe nacional, que viene a ser como el Robin Hood de aquí, pero con estilos de película del oeste.
Al final no hay relocation

Figura 4. Barossa y yo en uno de nuestros mejores posados
Pero si hay algo que de verdad tengo que agradecer a esta pareja, es el haberme conseguido a mi nuevo compañero de viaje. Steve es mecánico y se enteró de que yo estaba buscando un medio de transporte, así que me dijo: “yo por 500$ te encuentro un coche”. Y así fue, por 500$ le compré un coche a su hermano, me cambiaron las ruedas por unas mejores, los filtros y el aceite. Una familia muy apañada.
Al coche, que es mi primer coche, lo he bautizado Barossa. Y espero que me acompañe hasta el otro lado de Australia. Un Road Trip ha comenzado.
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