Valle del Elqui, donde el pisco mira las estrellas.

Llena de pena, dejé atrás Valparaíso, pero la pena no me duró mucho. A tan sólo diez horas de bus descubrí La Serena, la familia de Tato y el místico valle del Elqui. Cuna del pisco (para los chilenos) un valle/oasis con los cielos más limpios. Entiendo que inspirara tanto a Gabriela Mistral.

Cambio de planes muy acertado

Yo tenía un plan para recorrer esta región de Chile, pero decidí cambiarlos exclusivamente para poder alojarme en casa de Tato en La Serena. Fue un gran acierto. Si leéis su perfil de couchsurfing seguramente entenderéis porqué me decanté por este cambio.

Tato es una señora que viaja con su nieta haciendo couchsurfing. En su casa tienen una especie de apartamentos que alquilan en temporada alta, durante toda la temporada baja los destinan a couchsurfers. Gracias a ella he descubierto que hay una facción geriátrica del couchsurfing que espero que me lleve a introducir a mi madre en esta red al final de este viaje. Tato, además de enseñarme La Serena, ha viajado muchísimo y tiene un estilo de vida que me gustó muchísimo. Yo de mayor quiero ser como ella.

Sevilla con Pingüinos: La Serena

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Figura 1: la foto de los pingüinos se ve mal, así que os enseño a los lobos de mar

La Serena se parece muchísimo a Sevilla. Luego descubrí que es queriendo. Hubo un presidente de Chile de aquí y decidió darle mucha vidilla a su ciudad. Hizo un plan urbanístico que sigue respetándose y hace que la ciudad tenga cierta homogeneidad.

Desde La Serena se puede organizar una excursión de un día a Punta Choros. Frente a este lugar se encuentran unas islas que son reserva natural del Pingüino Humbold. Para visitarlas puedes contratar un paquete en el que te llevan y te traen con todo incluido, o puedes ir por tu cuenta.

Yo fui por mi cuenta y tuve bastante suerte, pero en temporada baja puede que sea más seguro ir con algo organizado. Desde La Serena salen unos buses a Punta Choros (4.500 pesos ida, uno por la mañana y otro por la tarde). Una vez llegas a allí pagas un boleto para las barcas (10.000 pesos). Luego pagas la entrada al parque natural (dependiendo de de dónde seas un precio, para nosotros el más caro, que creo que eran 60.000) Cuando hay diez personas sale la barca. Y aquí radica el problema, a lo mejor no hay diez personas y la barca no sale nunca. La gente que va organizada llena las barcas y no dejan que entre ningún pasajero suelto. Cuando yo llegué éramos nueve e íbamos a pagar entre todos el boleto del décimo para salir, pero en el último segundo aparecieron tres personas más.

De camino a las islas se puede disfrutar de los delfines (una población que vive allí todo el año) y si tienes suerte de las nutrias (o gatos de agua), yo no la tuve. En la isla podrás ver bastantes pingüinos con su gracia al andar (Figura 1). Sorprende que con lo aparentemente torpes que son se puedan subir a esos acantilados. Pero también hay muchísimos más pájaros, los cuales tienen las islas llenitas de guano, huele de un bien (mmmmm). Es una excursión muy bonita en la que ves mucho bicho, la recomiendo.

Elqui, el valle de la buena onda

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Figura 2: ¿efectos del magnetismo?

Tras estas visitas playeras me adentré en el valle del Elqui. Elegí como destino Pisco Elqui, luego pude recorrer todo el valle muy fácilmente haciendo autostop. Solo hay una carretera así que quien te pase inevitablemente va a poder llevarte, además en Chile hay mucha cultura autoestopística. Conozco hasta a quien haciéndolo le ha parado un bus.

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Figura 3: Patio del Rumor

Por lo visto, en esa región hay una cosa magnética que hace que haya mucho misticismo (Figura 2). Se ven muchos lugares de retiro y relajación. No sé si por el magnetismo, por ser donde se produce el pisco, o por lo bonito que es, a mí este lugar me trasmitía mucha buena onda.

Por si fuera poco, con el misticismo del lugar, tuve la buena suerte de coincidir con gente muy entretenida en el hostal. Con mis compañeros de hostal descubrí “En pueblo chico… Rumor” un bar maravilloso. Tiene un patio estupendo, con fogatas y unos piscos sours aún mejores (Figura 3).

Esta región además de ser conocida por sus piscos lo es por sus estrellas. Para enterarme bien de lo del pisco me fui a la Pisquera Los Nichos, donde siguen haciéndolo de manera artesanal y donde nos explicaron estupendamente la historia y el proceso de este destilado (Figura 4).

El cielo más estrellado

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Figura 4: Pisquera Los Nichos

Para las estrellas me fui de nuevo con mis co-huespedes. Al atardecer salimos del pueblo para poder contemplar bien las estrellas en el cielo más claro. Tuvimos la suerte de que coincidiera noche sin luna. Al poco de instalarnos ya teníamos a la Vía Láctea, más lechosa que nunca, sobre nuestras cabezas. Esta vez regamos la experiencia con Tropical, una mezcla de Vino blanco con Kempiña (un refresco de piña). En serio, en este país les encanta guarrear con el vino.

En mi vuelta hacia La Serena, a donde tenía que dirigirme para continuar mi viaje, me paré en Vicuña para visitar el museo de Gabriela Mistral. Poco sabía yo de esta señora antes de la visita del museo, solo que era escritora. Allí me enteré de era oriunda del valle y que no solo fue escritora, sino diplomática. Llevó una vida muy movida e interesante. Ahora me he quedado con la intriga de leerme algo suyo. Seguramente en breve solventaré este problema.

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Qué verde era mi valle

Dedo a dedo conseguí llegar sin ningún problema de nuevo hasta La Serena. Allí un brevísimo bus de 15 horas me esperaba para acercarme a mi próximo destino, el desierto más seco del planeta.

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